Fotografía digital y fotologs: un par de notas

Ahora resulta que ya no es cuestión de capital cultural, social o económico, ahora es cuestión de capital de bits. Al menos así parece apuntar Cyril Zimmermann, presidente de fotolog.com, en una entrevista con El País. Literalmente dice: “Al principio creíamos que era por una cuestión de medios, de ancho de banda. Que Fotolog era la red social del pobre y YouTube, la del rico”. Más adelante, apunta que: “La realidad es que todos sabemos hacer fotos, pero no todos sabemos hacer vídeo. Hoy las fotos se hacen hasta con el móvil.” y concluye que “En Internet cuelgas fotos de tu vida personal, de lo que ves, de lo que quieres compartir.” y señala que la mayoría de las fotos de fotolog, están hechas con el móvil. Es decir, no importa la calidad tanto como el contexto de uso.

Curiosamente, en otra nota del mismo diario, se habla de los datos en torno a la venta de cámaras digitales: “El sector fotográfico español facturó en abril 50.000 euros en cámaras y 8.246 en tarjetas de memoria.”. Donde también se apunta que “Las cámaras digitales, si son compactas, se renuevan cada cuatro o cinco meses” y termina diciendo que, como las cámaras reflex están bajando de precio, están comenzando a competir por una parte del mercado. Si lo combinamos con la noticia anterior y la penetración de los móviles con cámara, podemos suponer que, al menos en España, el uso de las cámaras digitales permea a una gran cantidad de personas. Y por otro lado, cada vez es mayor el uso de plataformas en Internet para el uso y distribución de dichas fotografías. Parece que mi tesis adquiere pertinencia.

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Los besos como proceso de remediación cultural en Internet

La historia comienza cuando un día, de esos que no tengo nada interesante que decir, colgué un post con dos fotos de besos (de una “acción-social” de marketing de conocida empresa barcelonesa de ropa en donde se invitaba a la gente a besarse en una plaza pública). La segunda parte viene cuando me di cuenta que dicha entrada era la más visitada de mi blog y puse un post semireflexivo sobre ello. Desde hace unos días, las visitas a esta humilde enchilada han caído en franca picada y, después de echarle un ojo con lupa a las estadísticas, me di cuenta que ya nadie entraba al blog buscando la palabra “besos” en Google. Entonces, la busqué yo mismo para ver los resultados y cuál fue mi sorpresa al ver que, efectivamente mi foto seguía en segundo lugar pero ya no era la dirección de este blog a lo que enlazaba sino a otro blog (a un space para ser políticamente correctos). Ahora bien, movido por la curiosidad, seguí buscando “mi” foto y me la encontré, en un blog más e incluso en una versión corregida y aumentada en otro. Ahora bien, lo que me resulta interesante de la anécdota es, por un lado la “remediación” (reciclaje cultural podríamos llamarle), pero por otro lado cómo, mediante no sé cuáles mecanismos (léase Google y sus algoritmos), el tráfico, que originalmente se dirigía a mi sitio, ahora se dirige a otros. Es fabuloso (seamos sinceros, seguramente esos sitios tienen más que ofrecer para los que buscan “besos” que lo que puede ofrecer este blog pseudo-académico). Y la historia podría escribirse en clave de economía política en donde, ante los procesos de copia y uso de objetos digitales, en tiempos de Google, la presencia y el “éxito”, se van trasladando con la renovación de dichos objetos. Interesante porque por otro lado, ultimamente he leído muchas historias de cómo personas están utilizando fotos de Flickr (tomadas por otros) para hacer negocios, por aquí hay una pista sobre la reproducción de la “obra de arte” en la era digital.

Notas sueltas sobre sociología visual

Nota 1

Richard Chalfen plantea que, detrás de la pregunta de qué ve-fotografía la gente con una cámara, está la pregunta de “¿cómo ve-mira la gente?” y apunta, con mucha inteligencia, que hay formas de mirar que necesitan formación (por ejemplo para entender la información de una radiografía o un radar). Por otro lado, el planteamiento tiene una segunda lectura cuando la pregunta se torna: “¿cómo actúa (posa) la gente ante la cámara?” y aquí las reminiscencias goffmanianas se dejan escuchar. En ese sentido, la relación entre mirada-tecnología-presentación (y en tiempos digitales agregaría posproducción y exhibición), empata de manera congruente con el modelo de análisis que proponía en el proyecto. Finalmente, de lo que se habla es de creación de subjetividades. Retomando la célebre frase de Dorothea Lang: “La cámara es un instrumento que enseña a las personas cómo ver sin una cámara”.

Nota 2

La idea de utilizar elementos visuales (fotos, videos, pero también gráficos, dibujos, etc.) como datos en una investigación sociológica, es por demás sugerente y parte de la base epistemológica de que estamos inmersos en una cultura visual. Por otro lado, cada vez producimos más imágenes y nos expresamos, comunicamos, construimos con ellas. Sin embargo, creo que debe tomarse con cuidado cualquier intento por su uso como material de investigación. No sólo por la sistematicidad y método que se siga, sino por la tentación constante de pretender explicar un hallazgo con base en la imagen. También, debe darse una discusión ética a profundidad. Jon Prosser, en su presentación, comentaba que los niños con los que actualmente está trabajando, quieren ser “estrellas de los medios” y buscan ser vistos lo cual genera grandes preguntas en torno a nuestro papel como investigadores al utilizar esas imágenes.

Nota 3

Las imágenes se erigen como “inscripciones” que pueden representar (y sintetizar) elementos clásicos del estudio sociológico, por ejemplo movilidad, clase social, capital cultural, etc. El trabajo de Paolo Parmeggiani sobre negociación, consumo y representación del espacio en Venecia es un claro ejemplo de un trabajo en ese sentido y una interesante experiencia en el uso de tecnologías digitales para la investigación social (por ejemplo la combinación de geotagging y fotografía para analizar las trayectorias de los turistas por la ciudad.

Fotografía platónica: pequeña nota sobre algo que descubrí

Es curioso cómo, sin pensarlo o planearlo, me he dado cuenta que tengo una serie completa de fotografías que podría titular: “amigos en la sombra”. Sin querer entrar en la especificidad de una “autoetnografía”, sí creo que sería interesante, una vez que ya están las fotos hechas, preguntarme qué es lo que me lleva a fotografiar sombras. Como “fotógrafo” siempre he estado interesado en lo que me gusta llamar “metaimágenes”. Es decir; reflejos, sombras, formas un tanto abstractas. Imágenes que hablen de una “realidad construida”, o al menos de una construcción que se compone de imágenes que no es del todo claro que estén o no estén ahí. Pensaba en Platón y su caverna y, poniéndome pretensioso, me gustaría llamar a éstas: “fotografías platónicas”. ¿Por qué me llaman la atención? Quizá por el hecho de que, la imagen fotográfica ya es en sí misma una representación (y si nos ponemos filosóficos, hasta podríamos decir que la de nuestros ojos también lo es), y por lo tanto, busco darle un segundo twist al asunto y lograr imágenes menos reales y más una versión realmente personal de lo que mis ojos ven a través de mi cámara. Total, si las fotos no pueden representar una realidad, quizá sea mejor crear una que me guste y me convenza más.

Una rubia, en un restaurante árabe, con su móvil

Estaba cenando ayer en un restaurante árabe del Eixample cuando, en la mesa que estaba a mi derecha, llegó y se sentó una rubia de unos veintimuchos. Portaba un vestido ceñido con estampado setentero de tonos ocres, unas medias, casi de invierno, color café y unos discretos aretes que hacían juego con su maquillaje sobrio pero presente. Llegó sola y era evidente que esperaba a alguien. Un par de minutos más tarde, sacó un móvil de su bolsa y comenzó a ver las fotos que estaban guardadas en la memoria. Como yo estaba sentado de manera que ella me daba la espalda pero en diagonal, podía observarla perfectamente. Después de dar una vuelta por todas las fotos que tenía en su móvil (un nokia n73 de carcasa roja), puso la cámara delantera (ese móvil tiene una de mayor calidad detrás y una para videoconferencias donde está la pantalla) y se tomó una foto con cara de aburrida, después se la envío por un MMS a alguien. Siguió jugando con la cámara, tomándose fotos a sí misma y a las cosas de su mesa. Un rato más tarde, llegó su acompañante, un “chico de gimnasio” con camiseta apretada (como no) y bronceado perfecto. Se saludaron y pidieron comida como para un regimiento (de la cual sólo comieron la mitad). Él cogió el teléfono que ella había dejado sobre la mesa y, mientras llegaba la comida, comenzó a tomarle fotos a ella, luego ella le tomó fotos a él. Casi no hablaban, su interacción se basaba casi por completo en el mirar a través de la pantalla, fotografiar y luego comentar, mientras se intercambiaban de manos el teléfono, el resultado de las fotos. Cuando llegó la comida, él volvió a coger el teléfono y le tomó fotos a todos los platos mientras ella le pedía que le mostrase las imágenes. Así, mientras uno comía, el otro fotografiaba, esto duró unos minutos y luego dejaron el teléfono y comenzaron a comer ambos, dejaron de sonreír tanto. Antes de levantarme de mi mesa, noté que en la mesa de detrás de ellos, había 2 parejas que comenzaban a tomarse fotos con el móvil….

Para que luego alguien me diga que por qué hago una tesis sobre prácticas de fotografía en la vida cotidiana 😉

De la intimidad esquizofrénica a un documental personal: Tarnation

Ayer vi un documental que me dejó impactado: Tarnation de Jonathan Caouette (a quien por cierto reconocí como actor de otra peli rara: Shortbus) (aquí el trailer). Este compa hace un documental sobre sí mismo y su familia. Un documental directo, sin concesiones, con un toque de ego y una dosis de catarsis. Uno de esos documentos visuales que no son fáciles de olvidar porque lo que plantea, a final de cuentas es un drama terrible y real (como todos los dramas). No voy a inaugurar una sección de crítica cinematográfica ni mucho menos, lo que quiero comentar en torno a la película, es lo interesante de la estructura del mismo. Tomando fotografías y películas caseras, pero sobre todo, con más de 15 años de grabaciones de él mismo actuando frente a una videocámara, arma un documento en donde vemos la evolución de su familia y la decadencia que entraña. Desde pequeño, el autor tuvo la inquietud por las cámaras de video y guarda documentos interesantísimos con los que arma un documental incómodo de ver en algunas ocasiones por la crudeza de la “intimidad” (una secuencia de la madre, esquizofrénica, riéndose y cantando, con los ojos desorbitados, es terrible).

Recuerdo hace algunos años, en una cena en Canadá con profesores de comunicación, una de las asistentes comentaba, con respecto a aquél video mítico de Pamela Anderson y Tommy Lee, que lo que le molestaba no era verlos tener relaciones sexuales, que lo que verdaderamente le era chocante era ver cómo Tommy Lee le daba un regalo y cómo ella lo abría frente a la cámara, que ESA clase de intimidad era la peor. En ese sentido, la relación entre tecnologías para la producción casera de imágenes, en combinación ahora con Internet, difunde esas intimidades de una manera que, como dice Julie Levin Russo, se crea un “cyber-exhibicionismo” (y como contraparte, un cybervoyeurismo), y, a diferencia de Tarnation, muchas veces parece no tener una propuesta “artística”. Lo cierto es que este tipo de documentales, cada vez serían más sencillos de elaborar por la enorme cantidad de material que aporta la facilidad y bajo coste de lo digital.