El poder de la imagen

La semana pasada estuve en un congreso sobre métodos (de investigación) visuales. La charla inaugural estuvo a cargo de Claudia Mitchell. Ella habló de su trabajo en África y cómo, con algunos ejemplos de campo, las imágenes hechas por jóvenes, habían logrado “transformar” algunos de los graves problemas de su cotidianeidad (la falta de seguridad en los baños escolares, la violencia sexual contra las mujeres, etc.) al ser vistas por las autoridades que tomaban decisiones. Otra de las cuestiones ampliamente discutidas en el evento fue la ética de la investigación con imágenes; el derecho a la privacidad de los informantes, la responsabilidad que tenemos, como investigadores e investigadoras, de salvaguardar su integridad, etc.

Justo al final de la semana, recibo tres o cuatro correos preguntándome “si había visto el video del metro”. Preocupado por no entender de qué hablaban, busqué lo que había pasado en la famosa estación de Balderas (de la que cantaba Rockdrigo), vi el video de principio a fin y el horror iba creciendo en mi mientras la cámara se mantenía impasible, inmóvil, frío testigo, ventana del drama.

Mientras que por un lado se discute ampliamente la postfotografía, la muerte de la función indexical de la imagen y la imposibilidad de su uso para la (re)presentación de la realidad, por otro lado, las cámaras de videovigilancia van creando una memoria de lo cotidiano (de sus muchos horrores y sus pequeños placeres): el video de la chica ecuatoriana golpeada por un estúpido en un tren en Madrid, este otro grabado en el DF, una golpiza en Alemania. En fin, una larga lista de “éxitos de youtube”. Una colega que vive en Nueva York me contaba que muchas tiendas están colgando en la pared las fotografías de personas robando, extraídas de los videos de vigilancia, en una especie de “galería pública del desagravio”. Si todas las imágenes de las CCTV pudieran estudiarse, los que hacemos investigación visual quizá tendríamos otra visión del mundo.

Si bien es cierto que los medios tienen (o al menos dicen que tienen) códigos deontológicos, la verdad es que mostrar escenas de cámaras de “seguridad” en la pantalla del televisor o el monitor de tu propio ordenador es como darte una dosis de terror sin anestesia alguna y en cantidades industriales. Una imagen RAW de la realidad en alta resolución. Me pregunto ¿dónde queda la privacidad de la persona que es asesinada? Que su intento e intención haya sido heroica ¿basta para que sus hijos, sus nietos, sus amigos, su familia, tengan que retener en sus retinas y sus memorias estas imágenes para siempre? Estas imágenes nunca pasarían un comité de ética para presentarse públicamente en un congreso. Sin embargo, los medios las amplifican de una manera estruendosa y estremecedora, la combinación de videovigilancia y omnipresencia mediática nos habla de que la imagen, como índice, esa que estaba muerta, dista mucho de estarlo, en todo caso, ha sido apropiada por los poderes para su propia conveniencia. Ahora bien, me pregunto (y quiero pensar) el que hayamos visto estas imágenes, como sociedad ¿nos hará cambiar algo en nuestra vida cotidiana? Espero (por nuestro bien), que, como en los ejemplos con los que inicié; Sí.

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Sobre unos niños, la foto y una pantalla

Estuve unos días en Angahuan, México, haciendo el “scouting” para el documental de una amiga catalana junto con el compa Enrique. En una mañana fotogáfica, encontramos a unos niños que divertidos nos hacían muecas. Nos acercamos a tomarles fotografías (aquí una de ellas):

Purépechas II

Después de una o dos fotos, les llamó la atención que viéramos la cámara. Lo notamos y nos acercamos a enseñarles la pantalla. Su sorpresa y encanto fue tal que a partir de ahí, y por unos 20 minutos, su juego consistió en posar y ver el resultado en la pequeña pantallita de nuestras cámaras. Haciendo cosas y caras cada vez más audaces y estrambóticas. Observarlos fue un ejercicio por demás interesante por varias razones pero principalmente por la relación entre “actuación” y visibilización (¿material?) de dicho performance. Otra vez, esto no es nada nuevo, muchos fotógrafos cargaban con una polaroid en sus viajes para darle una foto a la persona que fotografiaban, un poco por respeto, un poco como reconocimiento. Sin embargo, el observarlos viéndose y probando cosas nuevas, casi en “tiempo real”, me dio muchos elementos para pensar la relación entre rapidez (temporalidad), materialidad (pantalla) y performatividad (elementos que darían en conjunto una práctica, la de fotografiarse-verse-posar-ajustarse-fotografiarse. Práctica sobre la que hemos escrito bastante pero que, al menos yo, nunca había observado tan claramente como con esos chavitos que quizá nunca habían visto una cámara digital. Me encanta mi trabajo de campo:

“Profesionales de la imagen” vs. “profesionales de Internet”

La primera vez que escribí sobre este asunto fue en este post. Ahora recupero la reflexión porque me sigue pareciendo fascinante y explico por qué. Una de las cuestiones que hacen tan potente a Internet es, pienso yo, que las “arenas” de luchas simbólicas (guiño a Pierre B.y guiño a Jorge G.) se extienden más allá de los “círculos de poder tradicionales”. Es decir, “el campo” se extiende y hay más actores luchando por establecer su definición de la realidad (por ponerme extremo). Lo digo porque me encontré otra discusión de este tipo en Flickr, una que podría resumirse en este comentario: “pienso que ojala para la proxima quienes seleccionen sean profesionales en la imagen y no en internet” (copy-paste). Lo explico, resulta que Flickr organizó, no tengo muy claro si a partir de o tomando a, una especie de “concurso” que tituló “Muestra tu México en Flickr” (que es también el nombre de un grupo en Flickr con 2461 miembros y un conjunto de más de once mil fotografías). La idea era que se seleccionarían varias fotografías (creo que 2 mil) y se expondrían en un mural y además se haría un libro con ellas. Flickr (Yahoo!) hizo una fiesta en el DF, con chupe, regalos y todo muy bonito y todos muy contentos.
Ahora bien, una chava, que se presenta como “artista visual” comienza una discusión por demás interesante sobre cómo, en este grupo de Flickr y con respecto a la fotografía, “saturamos en cantidad y no buscamos la calidad”. Luego hay una sucesión de comentarios “a favor” o “en contra” de la postura de esta morra (que en Frankfurt llamarían de “alta cultura”).

Lo que más me llamó la atención fue esta especie de enfrentamiento de sentidos entre los “profesionales de la imagen” y los “profesionales de Internet”. ¿No será, como señalan por ahí algunos, que lo que denominábamos fotografía (o arte) está sufriendo una transformación debido a la emergencia de nuevos actores que “buscan alinear intereses”? (ahora el guiño es Latouriano). Por ejemplo: los “profesionales de Internet”. Belting (recomendado por Mr. Net, muy buen libro por cierto, aunque la traducción es un poco rara) dice que: “La cualidad de (la) imagen no se puede equiparar con la imagen artística. La cuestión reside más precísamente en qué modo se han transformado las imágenes cuando han entrado en el contexto del arte” (p. 44). Será interesante explorar esta “lucha simbólica”.