Flickr como el museo fotográfico del mundo

Una noticia por demás interesante, resulta que Flickr ha colgado miles de fotografías de la colección libre de derechos de la librería del congreso de Estados Unidos y está invitando a la gente a que las etiquete en una sección que ha denominado “El patrimonio público” . Es interesantísimo por varias razones, primero porque se apropian de la idea de los commons (que ya el grupo de Wikimedia había adelantado) pero Flickr es una compañía. Segundo, que aunque es genial tener acceso a copias de buena calidad de esas fotos para usarlas (por ejemplo la que uso abajo), todo el trabajo de etiquetación (aunque sea con folcsonomías) recae en la buena disposición, tiempo y esfuerzo de los usuarios y tercero, que me parece igual de relevante, es que se sienta un precedente para que Flickr (insisto, una empresa llamada Yahoo!), se convierta en una plataforma para la difusión, exhibición y resguardo de un material que en principio es del dominio público.

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Las fotos de los móviles… ¿son públicas o privadas?

¿Las fotografías que uno tiene en el móvil son públicas o privadas? Una cosa más o menos clara (repito subrayando: más o menos) es el lugar donde se tomó la fotografía, casi todos podríamos reconocer que una habitación de una casa es privada mientras que una plaza abierta es pública. De acuerdo, (y parece que me repito pero repito también que este blog muchas veces es un cuaderno de notas para reflexiones que voy construyendo) pero ¿existe un modelo o código de privacidad que nos remita o limite lo público y lo privado en los dispositivos digitales? Recapitulemos, especifiquemos y dejemos por lo pronto las plataformas de internet: ¿Mi teléfono móvil, y por ende lo que él contenga de objetos simbólicos (léase fotos, videos y sonidos), es público o es privado? Es decir, me pertenece y por lo tanto es como una carta (que en principio entiendo que va contra la ley abrir una que no está dirigida a ti). Bien, lo pregunto por lo siguiente, me encontré con la noticia de que un grupo de estudiantes de Utah (menores de edad) se tomaron fotografías desnudos y se las mandaron entre ellos. Algún padre que revisó el teléfono de su hijo encontró las fotos y se desató el escándalo (que por lo que dice la noticia podría acabar en el juzgado).

En otra noticia, a un exconvicto por ofensas sexuales que estaba siendo monitoreado por la policía se le prohibió tener un teléfono móvil porque en el suyo se le encontraron fotos pornográficas que involucraban a menores. Está claro que en ambas noticias la cuestión de la minoría de edad con relación a conductas sexuales es motivo de alarma pero…¿qué pasa cuando sucede entre adultos sin coerción y consentidamente? Esas imágenes, (iba a hacer la broma de si pagaban canon sexual), ¿son públicas o privadas? y si son privadas, ¿cualquiera que mirara nuestro móvil sin consentimiento estaría inflingiendo la ley? Es claro que nuevamente las tecnologías digitales y sus prácticas ponen en jaque a conceptos heredados de los estudios urbanos que no nos sirven más para explicar la compleja “urbe digital”

Sexo, fotografías y video

Casi al final de su libro, Chalfen (1987) apunta que “Las innovaciones tecnológicas son, y continuarán siendo, menos importantes que la contribución de la cultura al proveer una continuidad en el modelo y patrones de la comunicación pictórica personal” (p. 166). Unos párrafos antes reflexionaba (sin realmente profundizar) en la transición de las películas de 8mm y súper 8 al videocasete (caso interesante que necesitaré revisar con más detenimiento). Tomando como ejemplo la publicidad de la grabadora AKAI de ¼ de pulgadas para la revista Penthouse (lo siento, la busqué pero no la encontré) en donde se mostraba a un hombre en bata que grababa a una mujer desnuda frente a una chimenea y en el cual se leía: “…estamos mostrándote sólo una de miles de formas de tenerlo…en video”, Chalfen desestima que una “nueva tecnología” transformara los hábitos (¿prácticas?) de generación de imágenes en el hogar. Hay varias cosas que discutir pero enumero dos: primero que pareciera que su visión, nuevamente, tiende a caer en ese determinismo que plantea que la incorporación de una nueva tecnología basta para “transformar” (para bien o para mal) a “lo social”. Una segunda cosa que me resulta más relevante para el análisis que comienzo a hacer es que Chalfen sólo se centra en el contenido de las fotografías y no en las prácticas de producción y distribución de contenidos (porque esos términos solían relacionarse más bien con los medios “masivos”). Y aún en relación con el contenido, más allá de que la gente siguiera tomando las fotos o videos de los niños soplándole al pastel, ¿Se hacían más tomas? ¿Se borraban secuencias que no le gustaban al papá (o a la mamá)?  ¿Qué consecuencias tenía esto para el contenido?

Ahora bien, una segunda reflexión que se desprende de la publicidad comentada por Chalfen es la relación (una vez más) entre sexualidad y TICs que tiene una larga trayectoria pero poca investigación. Un ejemplo interesante lo aporta Coopersmith quien en su texto Pornography, videotape and the Internet señala que al “eliminar la dependencia externa (por no tener que revelar la película o el carrete en un laboratorio), se expandió la privacidad de las personas y con ello su campo de acción” (p. 29) y continúa diciendo que dos funciones técnicas fueron claves en el uso de estos nuevos dispositivos para la generación de contenidos sexuales: el autofoco y la posibilidad de utilización con poca luz. El texto es apenas un repaso general sobre esta cuestión pero propone otra cosa interesante (aunque no la enuncia así) que la industria pornográfica y la tecnología se co-constituyeron, no sólo la industria pornográfica encontró en el videocasete una tecnología propicia para su expansión sino que las prácticas desarrolladas por productores y usuarios también transformaron el tipo de contenidos que se elaboraban (cuestión que me parece pasó también con relación a Internet). Hay varias cosas para trabajar….

Sobre los inicios de la fotografía (post invitado)

Sin duda una de las cosas más estimulantes de tener un blog es eso que llaman “la conversación”. No le he pedido permiso todavía a Víctor (aka. el ciberciclonauta, viejo amigo de este blog con sus múltiples personalidades) pero estoy seguro que no le importará por su natural condición de compartir conocimiento (les recomiendo ampliamente su blog actual). Copio-pego entonces su comentario en mi entrada anterior porque más que comentario, merece ser un post (parafraseándolo, uno lee sus comentarios y dan ganas de postearlos). Aunque este no es ni será necesaramente un blog sobre “la fotografía” sino sobre la investigación en torno a las prácticas fotográficas digitales. Lo que plantea Víctor es por demás interesante y esclarecedor:

Sobre la fotografía de Niépce (que como historiador tengo grabada en la “linea del tiempo” mental) y su novedosa antagonista en eso de haber sido la “primera primera, primerita” (al menos en conservarse la impronta), lo único que te puedo decir es que hasta mucho después de Daguerre fue posible disminuir el tiempo de exposición de los materiales fotosensibles (haciéndolos más sensibles), a la vez que aumentar su definición, por lo cual:

a) una imagen fotográfica de un hombre con un caballo (seres vivos en movimiento) no era posible en 1825, además la imagen que vinculas tiene todo el carácter de un dibujo a línea (grabado o litografía);

b) las improntas en material fotosensible de copias de grabados y litografías (cosa a la que se había metido Niépce), ya existían desde 1816… el propio Niépce hizo trasvases en negativo de grabados y litografías. Hay una carta de Niépce a su hermano, de 1816, en la que le explica el proceso de obtención de negativos en fojas sensibilizadas con cloruro de plata (luego te paso la referencia). Todo para decir que el problema de “la primera fotografía” (o ese coco de los hitoriadores por el “origen de las cosas”) tendría que ver más con la obtención de una imagen en “positivo” de la realidad “tridimensional” en dos dimensiones, con la posibilidad de ser fijada en un soporte material y repetible “n” veces. Y me importa esto último por lo que se dice en algunos de los comentarios. La obtención de imágenes proyectadas mediante la famosa “cámara oscura” no data solamente de la época de Leonardo, sino desde Aristóteles (ver la Caverna), y tuvo su contraparte en el mundo musulmán con Alhazen (Abu Alí al-Hasan ibn al-Hasan ibn al-Haytham, 965-1039), pero como todos sabemos, eran imágenes que era posible verlas en el momento en el que se proyectaban (ocurrían) y no “después”, pues no se podían conservar. Los primeros intentos “científicos” por “fijar” (conservar) una imagen, no tanto la proyectada mediante la camara oscura sino por contacto con otra imagen, de manera perenne, datan de principios del siglo XVIII cuando Johann Heinrich Schulze trató de conservar las imágenes que se obtenían con hojas o soportes impregnados de substancias fotosensibles (conocidas ampliamente desde la edad media). Sin embargo, la fijación de las imágenes no era perenne y al cabo de un tiempo se borraban.
Todo para decir que la imagen del hombre con caballo (de 1825), que bien podría ser un “contacto” -como decían los fotógrafos de antes de que tú nacieras con la cámara digital-, de una imagen grabada, dibujada o litografiada, no era la primera ocasión en la que se obtenía, aunque sí posiblemente en la que se fijaba de manera perenne. Pero lo que importa para la fotografía como técnica de registro de la realidad, es justamente registrar la tercera dimensión en dos dimensiones, en “positivo” (concepto que se pierde con el arribo de la era digital pues ya no es necesario el paso del “negativo”) de manera perenne… Aunque esto último es una falacia: cuando yo era fotógrafo el mejor anuncio de Kodak para los profesionales era asegurarte que mediante sus procesos de laboratorio podías obtener una imagen garantizada para durar 500 años… una bicoca para los registros de los actos culturales del neolítico que conservamos. Siempre me pareció una exageración pues las impresiones finas en BN (laboratorio artesanal, seis baños después del fijado, etc.) me parecía que perdían “fuerza” después de cinco años. Ni que decir de lo que me decía un entendido de la era digital hace unos días: las imágenes conservadas en respaldos electromagnéticos tienen una vida útil de siete años, mientras que los respaldos digitales (CD) no se garantiza su vida más allá de los catorce años.
Todo para decir que, con todo y todo, Niépce fue un chingón.

La primera fotografía (¿o no?)

Dado que cada vez más este blog se ira tornando “fotográfico”, pues he aquí que comienzo por poner la primera fotografía (al menos de la que se tenga constancia, aunque por ahí hay otros que dicen que la más antigua es esta). Tomada por Joseph Nicéphore Niépce en 1826. (Por cierto, el primer prototipo de cámara digital, creada por Steve Sasson, nació el mismo año que yo: 1975)

¿Flickr como institución de legitimidad fotográfica?

Un poco antes de salir de vacaciones, en una de esas rondas interminables por la “blogosfera” me encontré con este post. El compa éste elabora un alegato lleno de rabia contra lo que él llama “la escena fotográfica en internet” y carga específicamente contra Flickr ya que señala que “las personas deben saber cómo hablar y sobre qué hablar. esto usualmente requiere leer libros y tener presente la historia del medio, un reconocimiento consciente de las decisiones estéticas y las intenciones del propio trabajo”. Por lo tanto señala: “Flickr, como un medio para ver trabajos, hace renunciar (abdicates) al artista de toda responsabilidad sobre estas cosas” para continuar: “no sólo Flickr libera al artista de esas responsabilidades sino que droga a la persona con la popularidad y la adulación por puras decisiones estéticas”. Continúa su alegato refiriéndose a la importancia que tienen las series más que las imágenes aisladas y cómo el diseño de Flickr prima “cuáles fotografías son las más placenteras visualmente”. La reflexión, más allá de mi particular punto de vista, me parece interesante por dos razones:

1. La persona que lo hace es estudiante de fotografía, es decir, es parte de lo que Bourdieu llama la “esfera de la legitimidad”. El mismo Bourdieu en su Un arte medio apunta: “Si ciertos sistemas de significaciones son objeto de una dedicación “ritualizada” y devota, la existencia de obras consagradas y de todo un sistema de reglas que definen el acercamiento sacramental supone una institución cuya función no es solamente transmitir o difundir, sino también legitimar” (p. 164). Esto genera una pregunta: Los sitios de difusión masiva (al menos en potencia) de fotografías (como Flickr), que parecen generar sus propias dinámicas y reglas, ¿están poniendo en peligro la legitimidad de la fotografía “artística”?

2. Siguiendo con Bourdieu que dice que “la fotografía más insignificante expresa, además de las intenciones explícitas de quien la ha hecho, el sistema de los esquemas de percepción, de pensamiento y de apreciación común a todo un grupo” y pasando por alto la evidente reflexión de que sitios como Flickr no son un grupo cohesionado sino una infinidad de grupos entrelazados y sobrepuestos, ¿Están sitios como Flickr convirtiéndose en instituciones de legitimidad de la fotografía y lo fotografiable?
Interesante creo yo