(La última y nos vamos) Flickr y sus nuevas estadísticas

A punto de despegarme por una semana de ordenadores, internet y navegaciones, un último comentario sobre las recién estrenadas estadísticas de Flickr.  Hasta hace un par de semanas, las estadísticas que se presentaban en Flickr eran más bien modestas. Sin embargo, ahora se han sofisticado de una forma interesantísima ya que presentan gráficos sobre la “evolución” de las visitas, los conceptos mediante los cuales llegan las personas a cada fotografía y un dato genial, si vienen de dentro de Flickr o de fuera de él. La reflexión se torna interesante ya que parece ser una constante (aquí mismo en wordpress las estadísticas son consultadas constantemente), la de los “nuevos medios” en generar sistemas de “control y disciplinamiento” (en forma de ratings, rankings y estadísticas) que co-constituyen el uso y la apropiación de dichas plataformas. Habrá que esperar un tiempo a ver qué sucede con ellas.

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La imagen acosadora y los peligros para la privacidad

Ayer me sucedió una cosa extraña. Salí de nadar y me estaba cambiando de ropa cuando vi a un tipo extraño detrás de mi, no le presté importancia y seguí vistiéndome pero de reojo observé que estaba enviando un sms (o al menos eso parecía). Me moví de lugar y por el espejo noté que seguía con ese mensaje pero en una posición en la que el teléfono estaba demasiado incómodo (a la altura de su cuello) y en dirección a mi reflejo en el espejo. Me voltee y lo miré fijamente, inmediatamente bajó el teléfono y lo guardó. Me quedé pensando en una conversación con dos chicas venezolanas que contaban que a una amiga suya, que iba en el metro, un chico la había grabado con su móvil. Ya he comentado cosas sobre voyeurs y sobre privacidad pero parece que la práctica es mucho más habitual (y discreta y por ello perversa) cuando se efectúa con las cámaras de los móviles. De hecho, hay quienes se especializan en ello, lo que me resulta interesante de esta práctica es lo siguiente: hay personas que “invaden” la “privacidad” pero en lugares públicos (aquí públicos no lo pongo entre comillas porque no parece haber duda en que la calle, un centro comercial o el metro son lugares públicos), pero lo que hacen con ese contenido “privado” (en principio sólo está en su móvil) es colocarlo en un lugar “público” (por ejemplo youtube o flickr). Ahora bien, en principio no parecería haber un problema porque son imágenes que se ven en público (las chicas de estos videos van vestidas y por la calle, en cambio el baño de una piscina podría ser diferente, nada más por el hecho de que no todo el mundo está vestido), pero la cámara (y la práctica) concentran “la mirada” (y por lo tanto cosifican, como diría Sartre) lo público en una visión “privada” que después retornan otra vez pública (la mirada). El problema (el primero de muchos) es que urge repensar los conceptos de público y privado a la luz de ciertas prácticas-tecnologías y sentido social que de ellas se hace.

Estudio sobre Fotologs en Chile

Es curioso cómo se generan ciertas sinergias que llevan a ciertas geografías a convertirse en las que aportan una mayoría de usuarios a ciertas plataformas tecnológicas (el uso de “ciertas” es intencional, que conste). Dos casos muy claros son el de Orkut con Brasil y de Fotolog.com con Chile (es interesante la participación tan activa de los chilenos también en Flickr y en otras plataformas de distribución-exhibición de fotografías, creo que debería ir a hacer trabajo de campo por allá, ¿Miguel, me invitas como investigador adjunto?). Recién se publica un estudio sobre los fotologs en Chile (que parecen ser un boom tremendo entre los jóvenes), aquí está la nota de un diario de televisión y aquí el blog en donde aparecen algunos datos del estudio; Miguel Arias, investigador principal del proyecto (quien amablemente me envió más información sobre el mismo) comenta varias cosas interesantes y está en sintonía con mi propuesta de trabajo con su interés por la “construcción del individuo” a partir del uso y puesta en escena de fotografías digitales (aquí la página de su consultora y aquí el de la universidad donde trabaja). Ahora bien, aunque supongo que la investigación está en una primera fase de corte cuantitativo para trazar un mapa general, y aunque no compartimos algunos presupuestos epistemológicos (por ejemplo, a mi me interesaría elaborar investigaciones de corte etnográfico que nos pudieran dar datos de cómo se integran estas prácticas fotográficas en la vida cotidiana de dichos jóvenes y como se co-constituyen las subjetividades a partir del uso de los dispositivos tecnológicos como cámaras, móviles e Internet, etc.), algunos de los datos que presentan son interesantísimos: Por ejemplo el hecho de que en diferentes regiones (En Chile más que provincias hay regiones) haya diferente objeto de las fotografías (en unas hay más fotos de grupo, en otras más personales), que haya más mujeres que hombres y que el “retrato personal” sea, en un porcentaje muy alto, la imagen más difundida (que no por “obvio” el dato carece de importancia). A mi en lo personal me hubiera gustado ver más datos sobre los comentarios que se dejan, la plataforma y sus posibilidades (y limitantes), un análisis de “redes” (al estilo Wellman), y el tipo de equipamiento tecnológico en relación a las prácticas. Estoy seguro que en próximos estudios y fases contemplarán aspectos más específicos. Si algo hay que reconocerle al estudio es que es eso, un estudio, una investigación, que genera datos (aunque en lo personal la metodología no acabe de convencerme y espero comentarlo con Miguel personalmente) y eso es lo que hace falta en esta era “2.0” de puros discursos y promesas: datos empíricos que nos den luz sobre cómo se insertan estas tecnologías en nuestra vida cotidiana. Por ello merecen una felicitación y vaya un abrazo hasta Chile.

 

La fotografía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Después de la resaca editorial (gracias por sus palabras Tíscar, Adolfo, Fernando, Cristóbal y José Luís, cómo se ve que en las publicaciones aparecen los verdaderos amigos :P), continúo con lo que me convocará de aquí a los próximos tres años, el asunto de la fotografía digital. Peter Plagens, en su interesante y sugerente texto: ¿Ha muerto la fotografía?, publicado en Newsweek, hace una reflexión sobre “el significado artístico” de la fotografía y propone que la fotografía, como arte, “ha muerto”. Esto, según el autor, se debe a que su pretensión de representar a la realidad no es ya posible: “Estamos atestiguando toda esta transformación mágica y observando todos los trucos brillantes que han convertido a muchos fotógrafos- antes cobradores de la verdad- en conjuradores de la ficción” y por lo tanto “Los siguientes grandes fotógrafos- si es que habrá de haber alguno- tendrán que encontrar una forma de reclamar ese vínculo especial de la fotografía con la realidad. Y tendrán que hacerlo de una forma novedosa”. Bourdieu planteaba una reflexión similar al apuntar que la fotografía no gozaba del estatus social de la pintura y por lo tanto era un “arte medio” (o medianón según se vea). Por otro lado, en aquél libro sobre fotografía digital publicado en sus albores como boom, se proponía una preocupación sobre las posibilidades de la tecnología digital de “simular realidades” en lugar de representarlas (preocupación constante en toda la discusión de los 90s en torno a las TICs). Es decir, pareciera que la fotografía, tanto como arte como su percepción social, está relacionada directamente con la representación de la “realidad”. Ya esta postura podría discutirse, pero más allá de ello, lo que me parece clave (y por lo tanto se erige como una justificación para mi tesis) es la necesidad de generar datos empíricos y etnográficos sobre el uso y construcción social de la fotografía digital. ¿Qué es la fotografía? ¿Para qué y cómo se usa por determinados colectivos? Si ya no aspira a ser un arte “representacional”, ¿a qué aspira? ¿Aspira a algo?

Actualización:

En otro blog a la que se mata es a la fotografía de viajes.