Sobre el fin del mundo y tres obras

Este será un post más personal y menos “académico”, más propio de mi antiguo blog que del actual. Algunas veces uno tiene que escribir cosas así.

Da la casualidad que en 24 horas terminé de leer Reportajes de Joe Sacco (sin duda el mejor reportero “gráfico” que existe actualmente en el mundo, aquí una probadita del libro), retomé y leí un par de capítulos de Eating Animals de Jonathan Safran Foer y vi la película 4:44 de Abel Ferrara. Aunque aparentemente no tienen nada en común, lo cierto es que las tres obras ponen de manifiesto una crítica a la condición humana, un llamado de atención y, de alguna forma, un acento pesimistamente informado sobre nuestro destino (ya se sabe, los pesimistas son optimistas bien informados). Continue reading

Encuentros // Sobre la muerte y la fotografía

Hay encuentros que tardan un tiempo absurdo en darse. Después de cuatro años de investigación sobre prácticas de fotografía digital, después de defendida la tesis, y a unas horas (literalmente) de que se hubiera publicado el libro, recibí un correo de Pedro Vicente, un investigador sobre la imagen fotográfica que organizó la que quizá sea la mejor conferencia sobre fotografía, desde el punto de vista teórico, que se haya hecho en el estado español. Aunque tengo el libro, resultado de ese congreso,  y que había leído su interesante trabajo, nunca había tenido la oportunidad de conocerlo o charlar con él. Curiosamente fue él quien me encontró a mi a través del programa de un congreso en Londres y de un blog que hablaba de mi trabajo. Nunca es tarde dicen por ahí y me congratulo de nuestro encuentro, en un par de horas de charla ya surgieron varios proyectos para el futuro. Entre muchas de las cosas que hablamos, me contó de una iniciativa sobre la que quiero escribir una nota:

Sobre la muerte y la fotografía

La fotografía postmortem era por demás común a finales del siglo XIX y provenía, como muchas de las prácticas primeras de la fotografía, de la pintura. Quizá el mejor estudio académico que se haya hecho sobre este tipo de fotografías sea el trabajo de Jay Ruby: Secure the Shadow. Death and photography in America. (para un interesante archivo de ese tipo de imágenes ver thanatos.net)

Dentro de una reflexión ontológica sobre la fotografía, en relación a la muerte, lo real y la memoria, Sontag apuntaba que todas las fotografías eran memento mori porque gracias a ellas se participaba de la “mortalidad, vulnerabilidad y mutabilidad” de las personas o cosas fotografiadas. Barthes lo apunta con incluso mayor dramatismo al decir que la fotografía “produce muerte tratando de preservar la vida”.

Sin embargo, en un plano más estético/funcional, la práctica de fotografiar personas muertas había servido tradicionalmente como una forma de tener una imagen para recordar a quien había fallecido que, en el siglo XX, parecía haber desaparecido (o al menos se había relegado a un plano privado y no publicitado).

Lo interesante de la fotografía postmortem, al menos en el caso de los niños, era esa búsqueda por parte del fotógrafo de representar la muerte como un sueño profundo (independientemente de proyectos como el de Andrés Serrano que representaban la muerte de niños precisamente en su trágica crudeza, dejo el enlace pero ojo al abrir, no son imágenes agradables). La muerte como sueño, la imagen como recuerdo.

Esta pequeña introducción es para enmarcar la emergencia de nuevos tipos de proyectos como Memento de Sarah Schorr que intenta, a través de la imagen fotográfica, ayudar en el proceso de duelo por una muerte cercana. Y el otro, comentado por Pedro Vicente es el llamado: Now I lay me down to sleep en el que un grupo de fotógrafos realiza imágenes de padres con sus bebés recién fallecidos o a punto de morir. Son retratos profundos y sensibles que, a diferencia de los del siglo XIX, buscan representar pequeños instantes de vida, no de muerte, no de sueño. El fundamento del proyecto es la ayuda que prestan a las familias a no olvidar, a mantener el recuerdo y así ayudar en el proceso de duelo. Como lo mencionan en una nota televisiva sobre el proyecto: “Las imágenes prueban que estuvo aquí…un testimonio de su vida y de lo que su vida significó para nosotros”.

Viejas prácticas en nuevos formatos y, sobre todo, con nuevos usos ya que, aunque la memoria sigue siendo fundamental, una vida, por muy corta que sea, no parece serlo si no se fotografía.

Sarah Pink’s prologue to “De la Cultura Kodak a la imagen en red”

Sarah Pink, one of the world’s leading figures in Visual Anthropology and Visual Studies, wrote the prologue for my book. Since it is written almost as a review, I reproduce it here with her permission and in English. I want to publicly thank her for her kindness, support and interest.

Prologue 

Sarah Pink, April 2012

Edgar Gomez Cruz’s work responds and contributes to an emergent strand in scholarship around Communications and Media characterised by theoretical and practical turns away from the semiotic and towards the ethnographic, experiential, habitual and non-representational. In doing so it participates in the process of re-defining this field of scholarship in relation to a series of key theoretical and methodological moves that cross social sciences and humanities literatures and invite new interdisciplinary understandings of digital media. The geographer Nigel Thrift’s formulation of non-representational theory, he writes, ‘takes the leitmotif of movement and works with it as a way of going beyond constructivism’ (2008: 5). Such approaches, like that of the anthropologist Tim Ingold, have key critical implications for visual culture studies (see Ingold 2011: 316). They enable us to understand how the relevance of photography in the world goes beyond the visual content of images themselves and is bound up with their relationship with the multiple other things that are on-going in the worlds that they are part of. In this context alternative theoretical approaches have opened up new avenues through which we might comprehend digital photography. Indeed Ingold provocatively poses the question: ‘Should the drawing or painting be understood as a final image to be inspected and interpreted, as is conventional in studies of visual culture, or should we rather think of it as a node in a matrix of trails to be followed by observant eyes? Are drawings or paintings of things in the world, or are they like things in the world, in the sense that we have to find our ways through and among them, inhabiting them as we do the world itself?’ (2010: 16). The same of course should be asked of the digital photograph. Likewise conventional approaches to the study of digital photography through visual content are revised through the turn to practice theory, which has become an influential paradigm in sociology. Practice theory offers an analytical lens that turns away from the focus on culture. Instead as Andreas Reckwitz puts it: Practice theory ‘decentres’ mind, texts and conversation. Simultaneously, it shifts bodily movements, things, practical knowledge and routine to the centre of its vocabulary’ (2002: 259). These theoretical moves thus create a context where we have new and inspiring tools and frames through which to think about digital photography and the persons and things with which it is co-implicated in the world. Indeed to develop a contemporary study of digital photography involves departing from conventional analytical techniques in the study of the image. In doing so it moreover calls on scholars to follow the increasing urge towards working across and beyond the confines of traditional academic disciplines. Continue reading