El discurso de los actores: Fotolog (una crítica “constructiva”)

Me ha tocado presenciar un par de discusiones en torno a la Wikipedia, sobre su validez “académica” o la posibilidad de utilizarla como referencia científica. Más allá de tomar partido en este asunto, a mi, como “investigador” (iba a decir etnógrafo, pero no quiero que me linchen mis compañeros de viaje), me interesa cómo las personas generan su propio discurso sobre sus prácticas (en ese sentido la wikipedia es una interesante fuente de recursos). Bueno, pues me encontré estos videos, que no sé muy bien quién los hace pero que me llamaron mucho la atención. Más allá de que utilicen lenguaje “poco académico” son interesantes porque, utilizando un medio como youtube, hablan (se mofan) de otro medio: los fotologs. Me quedo con una frase: “lo que se observa en el fotolog es lo tremendamente obsesionados que estamos con nuestro físico y por resultar guapos” y aunque todo resulta una broma, el discurso es lo interesant. Échenle un ojo con mirada académica (y mente abierta).

Turistas, voyeurs e infieles (lo fotografiable II)

Una chica ve una fotografía de su ciudad en Flickr y deja un comentario que dice: “nunca había notado la belleza de esas calles que son tan incómodas para caminar”. Una de las principales actividades que se suelen acompañar de la práctica fotográfica es el turismo. La imagen se convierte en un elemento indispensable para el reconocimiento de lo distinto, lo llamativo y lo sorprendente. Esa actitud de sorpresa es muy clara cuando se viaja (recuerdo la gracia que me hacía ver los objetos que, para los europeos, eran fotografiables en México: por ejemplo los cables de electricidad y teléfono en las calles y los anuncios publicitarios de fonditas, cantinas y pequeños negocios familiares). ¿Qué sucede cuando, al tener una cámara digital en los bolsillos todo el tiempo se genera una “actitud de turista” con las cosas más cotidianas? ¿Qué sucede cuando se genera una estética de lo cotidiano? ¿Cuando cualquier cosa puede ser digna de fotografiarse? (fotos de tazas de café, de ceniceros y bueno, de uno mismo, ya he comentado bastante sobre ello). Virginia Nightingale, en su texto sobre móviles con cámaras y fotoblogs, señala que en realidad el simple hecho de tener una cámara y estar aburrido puede convertirse en una combinación que dote de sentido a un objeto como fotografiable.
Ahora bien, ¿qué sucede con esa facilidad de lo digital para capturar cualquier cosa en cualquier momento y en cualquier lugar? (recuerdo por ejemplo cuando meter cámara a un concierto estaba prohibido, ahora es simple y sencillamente imposible que lo controlen). Pues la respuesta, en muchas ocasiones, puede resultar una serie de prácticas que sean incluso ilegales y que nuevamente nos lleven a pensar sobre la privacidad. ¿Ejemplos? Un grupo en Flickr de lo que llaman “candid camera” (y que sólo coincide con el programa de televisión en que la cámara está oculta) y en donde básicamente un montón de personas (más de mil miembros, hasta donde vi todos hombres) suben fotos que toman en las calles, playas, etc. a mujeres. Un grupo similar es el llamado “Voyeur House” y grupos de estos hay un buen (pensaba no enlazarlos pero Adolfo sugirió que es mejor visibilizar las cosas). El problema es que la facilidad y discreción de lo digital hace que no sólo la cotidianeidad se convierta en objeto de lo fotografiable sino que lo fotografiable en sí mismo no conozca límites. Vamos a ser sinceros (y el que diga que no, que tire la primera memory card), todos hemos estado tentados en algún momento a fotografiar a una chica o a un chico que nos atrajera, yo mismo he fotografiado a montón de personas por distintas razones (que podrían defenderse como “artísticas”). ¿Por qué es más fotografiable una indígena guatemalteca con su traje típico que una rubia sueca en la playa? ¿En dónde comienzan las razones puramente artísticas y donde acaban las “pornográficas”? ¿Quién decide esto? Pero la cosa tiene un twist más interesante aún. Tomarle una foto a una chica que toma el sol desnuda en la playa es claramente ilegal, pero ¿qué sucede cuando una persona se fotografía a sí misma desnuda y sube sus fotos a Flickr y gana un “club de fans”? (incluso he encontrado chicas que venden sus imágenes). ¿Qué pasa cuando esta práctica es ampliamente difundida? ¿Significa que esas personas “renuncian” al derecho sobre su imagen? o por el contrario ¿toman el control dentro de ese descontrol?

Un último elemento para concluir esta nota, me encontré un “grupo” por demás interesante, una chica subió las fotos de un galán que tenía por Internet, parece ser que el compa se portó mal con ella y lo que ella hace es poner sus fotos en un grupo y advertir a otras mujeres de las intenciones del compa este. Y bueno, la cantidad de fotos comprometedoras de exnovias, exesposas y demás exs que pululan por ahí es por demás importante (por lo que en México se llama “ardidos”, es decir, hombres enojados porque los engañaron, los dejaron, etc.). Nuevamente la privacidad como tema, lo público, privado, lo íntimo en relación a la posibilidad tan rápida y fácil de distribuir contenidos digitales (antes también se hacían esas fotos, pero destruyendo el negativo y las copias bastaba) y uno no iba pegándolas a los postes de la calle.

Actualización:

Meses después de escribir este post, El País comenta algunas cosas interesantes.

Un blog de besos

Este será un post reflexivo, de esos que le gustan al desaparecido Adolfo (desaparecido de la blogosfera, que me consta que está currando en su tesis). La reflexión comienza porque ayer se rompió el “record” de visitas a esta humilde enchilada (no diré el número porque comparado con las visitas que tienen blogueras serias como Tiscar, el mismo Adolfo o Daniel, en cuyos blogrolls aspiro a figurar algún día, yo, más que de la aristocracia bloguera, soy parte del campesinado más humilde). De todas esas entradas ayer, 90 provenían de Google e iban directamente a un post con dos fotos de besos que tomé por la calle (post con un estilo por el que el Nettizen bautizó a este blog como una enchilada). Me interesó tanto la conexión con Google que busqué imágenes con la palabra “Besos”, mi foto apareció en la primera página y era la quinta foto. Ahora bien, revisando algunos comentarios en mi cuenta de Flickr, me topé con la noticia de que mi foto más vista (que no la más “relevante”) era ésta que aparece abajo, ¿cómo se llama? Besos húmedos. ¿Y si en lugar de un blog sobre la tesis y esas nimiedades académicas, me dedico a hacer un blog con fotos de besos? (Algo así como Besos-Apapachos). Al menos no tendría esta terrible sensación de que lo que digo es irrelevante en comparación con las demostraciones de afecto públicas en formato digital (eso sin contar con el éxito que tendría en Internet). En fin, que aquí sigo preso (al menos cuantitativamente), tanto de google como de mi propia práctica fotográfica (¿será eso que Foucault llamaba disciplinamiento?)

Besos húmedos

Actualización: este post, hizo que se rompiera nuevamente el record de visitas.

Fotografía digital, hacia un tema de tesis

Sigue resultándome interesante el asunto de la fotografía digital y poco a poco comienzo a enamorarme del tema como para que sea el tema de mi tesis. Una práctica que se ha instaurado en el nuevo piso (que compartimos dos doctorandos medio geeks) es el de tener la colección completa de Wired en el servicio de la casa. En una de esas sesiones, leía un artículo sobre el crowdsourcing (cómo les gusta inventarse neologismos a estos de Wired) y en él, contaban la historia de cómo un fotógrafo profesional no pudo vender sus fotos a una empresa que prefirió pagar una cantidad mínima (1 dólar) por una foto en un servicio como éste. Pensaba en Flickr y en la importancia de sus licencias. Yo no soy un entendido del copyleft (ni el right ni de ninguno) pero me queda claro que hay muchas fotografías interesantes en Flickr que no tienen licencias restrictivas y que podrían ser utilizadas comercialmente sin problemas. Si bien la cámara digital que me gustaría tener (a mi y a cualquiera creo) está a 5,000 dólares de distancia, la verdad es que equipos semiprofesionales y de calidad aceptable se pueden encontrar por mil euros (que tampoco es imposible con un poco de ahorro, no quiero ni contarles las cámaras que traen cargando algunos turistas que sólo las usan para tomar fotos a sus maridos y esposas con la catedral y el sol frente a ellos y ellas). Ahora bien, mi segunda pregunta es de orden estético y tiene que ver con la “construcción social de la mirada” ¿Dónde comenzará un trabajo “profesional” de fotografía y dónde terminará? ¿Qué variaciones estéticas habrá con la masificación, no sólo de la fotografía digital como práctica, sino de la posibilidad de distribución instantánea? Bueno, creo que hay elementos interesantes para una tesis.