El tesista “en la Tele”

Cuando era niño, tuve mis 3 o 4 segundos de fama cuando, quizá por un error de producción, el yo que era en ese entonces apareció en un  tremendo close-up en el programa de Bozo, eran los setenta, era la televisión. Muchos años han pasado desde entonces y las canas me colonizan cada vez más. Vivimos tiempos 2.0,  y subiendo, y ahora esto de salir en televisión ya no es tan “cool” como aparecer en los rankings de Youtube.

Pues bien, gracias a la inefable confianza, y “extreme marketing”, del buen compa Fernando, conocí a Cristina, quien encarna (la palabra en español es horrible en realidad) como nadie que haya conocido, lo que es una productora de cultura del Siglo XXI (así en sentido extenso). Gracias a esa carambola dospuntocerezca amistosa, acabé teniendo mis 6:02 segundos de fama (contando la cortinilla). Si atentemos a Warhol, todavía me quedan otros 8:58 que espero tener la oportunidad de tener algún día. Por lo pronto, gracias a Cristina, al equipo de la Malla y a Fernando por darme la oportunidad de “salir en la televisión” 😉

Edgar en la Malla

P.D. WordPress no me deja incrustrar el video y eso quizá signifique que ya tendría que comprarme mi propio dominio. En cualquier caso, es más divertido que lo vean “in situ”.

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El poder de la imagen

La semana pasada estuve en un congreso sobre métodos (de investigación) visuales. La charla inaugural estuvo a cargo de Claudia Mitchell. Ella habló de su trabajo en África y cómo, con algunos ejemplos de campo, las imágenes hechas por jóvenes, habían logrado “transformar” algunos de los graves problemas de su cotidianeidad (la falta de seguridad en los baños escolares, la violencia sexual contra las mujeres, etc.) al ser vistas por las autoridades que tomaban decisiones. Otra de las cuestiones ampliamente discutidas en el evento fue la ética de la investigación con imágenes; el derecho a la privacidad de los informantes, la responsabilidad que tenemos, como investigadores e investigadoras, de salvaguardar su integridad, etc.

Justo al final de la semana, recibo tres o cuatro correos preguntándome “si había visto el video del metro”. Preocupado por no entender de qué hablaban, busqué lo que había pasado en la famosa estación de Balderas (de la que cantaba Rockdrigo), vi el video de principio a fin y el horror iba creciendo en mi mientras la cámara se mantenía impasible, inmóvil, frío testigo, ventana del drama.

Mientras que por un lado se discute ampliamente la postfotografía, la muerte de la función indexical de la imagen y la imposibilidad de su uso para la (re)presentación de la realidad, por otro lado, las cámaras de videovigilancia van creando una memoria de lo cotidiano (de sus muchos horrores y sus pequeños placeres): el video de la chica ecuatoriana golpeada por un estúpido en un tren en Madrid, este otro grabado en el DF, una golpiza en Alemania. En fin, una larga lista de “éxitos de youtube”. Una colega que vive en Nueva York me contaba que muchas tiendas están colgando en la pared las fotografías de personas robando, extraídas de los videos de vigilancia, en una especie de “galería pública del desagravio”. Si todas las imágenes de las CCTV pudieran estudiarse, los que hacemos investigación visual quizá tendríamos otra visión del mundo.

Si bien es cierto que los medios tienen (o al menos dicen que tienen) códigos deontológicos, la verdad es que mostrar escenas de cámaras de “seguridad” en la pantalla del televisor o el monitor de tu propio ordenador es como darte una dosis de terror sin anestesia alguna y en cantidades industriales. Una imagen RAW de la realidad en alta resolución. Me pregunto ¿dónde queda la privacidad de la persona que es asesinada? Que su intento e intención haya sido heroica ¿basta para que sus hijos, sus nietos, sus amigos, su familia, tengan que retener en sus retinas y sus memorias estas imágenes para siempre? Estas imágenes nunca pasarían un comité de ética para presentarse públicamente en un congreso. Sin embargo, los medios las amplifican de una manera estruendosa y estremecedora, la combinación de videovigilancia y omnipresencia mediática nos habla de que la imagen, como índice, esa que estaba muerta, dista mucho de estarlo, en todo caso, ha sido apropiada por los poderes para su propia conveniencia. Ahora bien, me pregunto (y quiero pensar) el que hayamos visto estas imágenes, como sociedad ¿nos hará cambiar algo en nuestra vida cotidiana? Espero (por nuestro bien), que, como en los ejemplos con los que inicié; Sí.

Ceci n’est pas une recherche du flickr

Foucault, in his fascinating, and beautiful, essay on Magritte’s famous painting, tells us that, the trap of the “Ceci n’est pas une pipe” paint is that the letters are not letters but calligraphies, which means that they are not naming anything but just happened to be there set in a position that we, as viewers, understand as a contradiction between the drawing and the meaning of the statement. Foucault’s thoughts are extremely tempting to follow but I’ll resist (this time). My point today is something else. A few days ago, in the AoIR list, Mayo Fuster, a colleague from Berkeley, asked about people doing research on flickr. My name popped out (thanks Ismael, or should I say: Dr. Peña?) and this made me think about my own work.

Flashback from the field I

I’m sitting in a bar with ten or twelve photographers. I’m in a bar because they decided to get together here and drink a few beers after a day at work (and, as an ethnographer, well, you know, I have to do what they do). None of them are carrying cameras and this could be a “regular” group of people, just one of several groups in this busy night at the bar (Barcelona is just like that). Nonetheless, here are some of the core members of the group I’ve been participating with for several months. There’s no trace or discussion in flickr about this “getting together”, it is a casual thing: I got a phone call, some other people were contacted by email and, another couple were luckily enough to found each other with someone at some local store and decided to join him. Discussions are multiple and, although they tend to be photography-centred, some of them range, from the last sports results, to gossips about other people in the group. Probably this will not be important at all except for one thing. They decide, at the end of the night, to organize a photowalk that, as soon as later in the night, will become a post in the group. That post would take, eventually, to several pictures taken, the integration of new members to the group, more beers and, definitely, a sense of belonging and identity. Continue reading “Ceci n’est pas une recherche du flickr”

Social Shaping of Technology, the case of Samsung´s new camera

I read that there’s a new Samsung camera coming out to the market. The special feature this point&shoot camera has is that it integrates a small LCD screen on the front.

Social Shaping of Technology, is an approach that:

In contrast to traditional approaches which only addressed the outcomes or ‘impacts’ of technological change….examines the content of technology and the particular processes involved in innovation…… It explores a range of factors – organisational, political, economic and cultural – which pattern the design and implementation of technology.” (Williams and Edge, 1996).

Vision that is shared by other approaches like  Social Informatics that also suggests:  “We view the design …..not simply as one of artifacts, Rather, the interplay of social assumptions and practices that are reflected in technological design features” (Kling, 1999, p. 213)

I would suggest that, the case of the Samsung’s new camera could be seen as a clear example of these  type of approaches. Although this statement could seem rather simplistic, is based upon a year and a half of ethnographical fieldwork on digital photography practices in Barcelona.

One of the things that digital photography brought to the imaging creation practices is the opportunity, because of the cost-zero once having the equipment, of shoot as many photos as you want (or the battery and card could handle it in one session). This possibility, along with the technical feature of the LCD screen, opened the practice of photography based on “trial and error”  and speeded the whole process. That way, the photographer freed herself of constrains of time and the expertise needed to take desired photographs.  One of the results of this practice was another  that have had exponential rise in recent times: the self-portraits. The design of camera’s software and hardware, tend to facilitate this practice, for example adding a small mirror in cameraphones or incorporating “face detection software” (designed originally for surveillance). With the new LCD screen on the front, the Samsung camera attempts to solve, in a technological way, a common “social” practice.

Now, if that will increase the “narcissism”, that’s another story, and this is not the place to discuss it.

¿Un nuevo régimen de Cultura Visual?

No he tenido oportunidad de explorar esto a fondo ni de consultar la bibliografía adecuada como para reflexionar sobre un “nuevo régimen de visualidad” dentro de los procesos sociales, culturales y psicológicos. Lo que sí puedo pensar (ya con un poco de base en mi trabajo de campo) es que la posibilidad y facilidad de producción de imágenes tiene tanta penetración en las sociedades occidentales que cada vez parece más difícil “ser y estar” sin generar un registro visual de ello. Hace poco en un concierto masivo lo comentaba con una amiga muy querida que estaba impresionada porque ya nadie miraba al escenario con sus ojos sino a través de una pantallita. Ayer me encontré con esta foto y, si lo que dicen los sociólogos visuales es verdad y esta imagen nos sirve como dato, algo está definitivamente sucediendo.

Cámaras para mujeres: Artefactos e ideología

Leía la reflexión que elaboran Mackay y Gillespie (1992) en su texto Extending the Social Shaping of Technology Approach: Ideology and Appropriation, en la que plantean tres puntos principales: “Los sociólogos de la tecnología le han otorgado un lugar central insuficiente a la ideología como fuerza social”; “el marketing es parte de la construcción social de la tecnología no sólo porque informa sobre el diseño sino porque juega un papel en la construcción de la demanda” y por último, que “la sociología de la tecnología en general, ha fallado en mirar a la apropiación social subjetiva de las tecnologías”. Coincidentemente, al mismo tiempo me encontré con una nota en un blog, (no necesariamente nueva) sobre un modelo de cámara Canon que había salido al mercado. El subtítulo de la nota era “La cámara para mujeres”. Por supuesto la reacción de alguna que otra bloguera no se hizo esperar. Anécdotas y pasiones aparte, me puse a investigar un poco el asunto a la luz de la propuesta de los autores mencionados y pensando en la relación entre ideología y tecnología (ya Winner decía claramente que los artefactos tenían política). Ahora bien, en un pequeño artículo llamado “Las mejores cámaras digitales para mujeres. Queremos forma y funcionalidad” se menciona lo siguiente: “Si, como la mayoría de mujeres, tu lo que quieres es básicamente tomar fotos familiares (snapshots)…” y continua dando consejos. Es decir, parece que por un lado las compañías buscan construir un mercado “femenino” para la fotografía digital que tiene un componente de pragmatismo y facilidad de uso. Para ello, se apoyan en el “diseño rosa” (no sé si exista este término pero debería difundirlo). Es decir, en elaborar unos artefactos pequeños de líneas suaves, colores como rosa o violeta y con pocos botones. El marketing por supuesto, trata de reafirmar estos elementos empaquetándolos en un aparato “hecho por mujeres para mujeres”. Ahora bien, una de las cosas que he observado en mi trabajo de campo es que una gran cantidad de mujeres (que por ejemplo en flickr están en menor número que los hombres, a diferencia de otros sitios como los fotologs), participan activamente en otro de los elementos claves del consumo de cámaras digitales: la idea de “mejorar” su equipo. Mientras que por un lado la fotografía cada vez entra más en la dinámica de la obsolescencia planificada, por otro, los usuarios, conforme van participando más de su práctica, suelen buscar comprar mejores equipos, más caros y con especificaciones técnicas más avanzadas. En resumen (y esto es como un working paper), por un lado la socialización de la práctica de la fotografía digital parece tender a que las personas busquen hacerse de equipos mejores y más caros, por otro las compañías buscan abrir el nicho de mercado e involucrar a más personas en esta dinámica. Más allá de la ideología, los objetos se construyen en la práctica.

De internet, sirenas, morfinas, virus y radiografías

He tenido al blog un poco olvidado, no sólo porque llevo un par de semanas fuera (a estas alturas hablar del congreso de la AoIR sería poco periodístico y de todas maneras ya todos mis compañeros dijeron algo más interesante que lo que pueda decir yo) sino porque a mi computadora de la oficina le entró un virus tremendo y porque he tenido inmovilizado el brazo. En cualquier caso lo curioso es que mientras algunas personas debatían en Dinamarca sobre si el online y el offline, yo no podía hacer nada online porque mi brazo estaba completemente off the line (chiste malo causado por el abuso en el consumo de ibuprofeno). Rebobino, el primer día de mi visita a Copenhague para el congreso, me resbalé intentando ver el monumento más famoso (y menos bonito hay que decirlo) de toda Dinamarca: la sirenita. Me resbalé con una piedra mojada y caí estrepitosamente mientras los turistas seguían tomando fotos sin querer enturbiar sus vacaciones con la desagradable visión de un mexicano retorciéndose del dolor a sólo unos pasos de la escultura estrella de la visita por la ciudad. Afortunadamente Elisenda (y un taxi) estaban lo suficientemente cerca como para que 20 minutos después pudiera llegar con mi dolor a un hospital que recuerdo como extraordinariamente amable. No haré halago de falsa valentía, el dolor era más fuerte que yo y sólo con ayuda de unos caballitos de morfina pudo calmarse lo suficiente como para que me tomaran unas radiografías y me recolocaran el hombro. En fin, que no disfruté la conferencia (excepto en ciertos momentos, no sé si de lucidez o de estados alterados de conciencia). Una de mis presentaciones dejó mucho que desear (aunque la otra creo que fue más que decente). Historia que sirve para dos fines; para “justificar” ante mis cientos de lectores (¿no hay un emotícono para ironías?) el tiempo transcurrido y para dar pie a mi primer post con una luxación (el lunes comienzo rehabilitación pero ya por lo menos puedo poner la mano sobre el teclado y escribir un poco).

Hoy fui al médico (uno más, éste, según dicen, especialista, traumatólogo). Los médicos cada vez se parecen más a los cajeros de los supermercados, la misma mirada ausente, el mismo tonito de “¿encontró todo lo que buscaba?”. Es curioso cómo esto de aprender a ser investigador hace que se sensibilice la mirada. Por ejemplo, me di cuenta que sólo me miró una vez a mí mientras que no despegó los ojos de la pantalla del ordenador (y vio 3 veces la de su flamante Iphone 3G que tenía sobre la mesa). Ahora viene la reflexión de fondo: el doctor miró muy por encima mi radiografía, concentrándose en ella y no en mi hombro. La radiografía pasó a ser, no ya la representación de mi sino la síntesis de la relación que tuvo conmigo en esos minutos que duró la consulta. Yo me convertí en la imagen de un hombro y en ello se concentró toda mi humanidad. La radiografía no habla del dolor que siento, de lo incómodo de no poder mover el brazo, de cómo me deja el estómago la medicina, en un estricto sentido me deshumaniza y me muestra sólo como un conjunto de datos para dar un diagnóstico. Cuando la sociología visual se encuentra con el Dr. House o algo por el estilo. En fin, estoy muy cansado y un poco mareado así que mi comentario sobre el libro que estoy (intentando) leyendo quedará para después, eso sí, les dejo mi luxación como homenaje al uso de la imagen más allá de la fotografía. El hombro del tesista: