Social Shaping of Technology, the case of Samsung´s new camera

I read that there’s a new Samsung camera coming out to the market. The special feature this point&shoot camera has is that it integrates a small LCD screen on the front.

Social Shaping of Technology, is an approach that:

In contrast to traditional approaches which only addressed the outcomes or ‘impacts’ of technological change….examines the content of technology and the particular processes involved in innovation…… It explores a range of factors – organisational, political, economic and cultural – which pattern the design and implementation of technology.” (Williams and Edge, 1996).

Vision that is shared by other approaches like  Social Informatics that also suggests:  “We view the design …..not simply as one of artifacts, Rather, the interplay of social assumptions and practices that are reflected in technological design features” (Kling, 1999, p. 213)

I would suggest that, the case of the Samsung’s new camera could be seen as a clear example of these  type of approaches. Although this statement could seem rather simplistic, is based upon a year and a half of ethnographical fieldwork on digital photography practices in Barcelona.

One of the things that digital photography brought to the imaging creation practices is the opportunity, because of the cost-zero once having the equipment, of shoot as many photos as you want (or the battery and card could handle it in one session). This possibility, along with the technical feature of the LCD screen, opened the practice of photography based on “trial and error”  and speeded the whole process. That way, the photographer freed herself of constrains of time and the expertise needed to take desired photographs.  One of the results of this practice was another  that have had exponential rise in recent times: the self-portraits. The design of camera’s software and hardware, tend to facilitate this practice, for example adding a small mirror in cameraphones or incorporating “face detection software” (designed originally for surveillance). With the new LCD screen on the front, the Samsung camera attempts to solve, in a technological way, a common “social” practice.

Now, if that will increase the “narcissism”, that’s another story, and this is not the place to discuss it.

¿Un nuevo régimen de Cultura Visual?

No he tenido oportunidad de explorar esto a fondo ni de consultar la bibliografía adecuada como para reflexionar sobre un “nuevo régimen de visualidad” dentro de los procesos sociales, culturales y psicológicos. Lo que sí puedo pensar (ya con un poco de base en mi trabajo de campo) es que la posibilidad y facilidad de producción de imágenes tiene tanta penetración en las sociedades occidentales que cada vez parece más difícil “ser y estar” sin generar un registro visual de ello. Hace poco en un concierto masivo lo comentaba con una amiga muy querida que estaba impresionada porque ya nadie miraba al escenario con sus ojos sino a través de una pantallita. Ayer me encontré con esta foto y, si lo que dicen los sociólogos visuales es verdad y esta imagen nos sirve como dato, algo está definitivamente sucediendo.

Cámaras para mujeres: Artefactos e ideología

Leía la reflexión que elaboran Mackay y Gillespie (1992) en su texto Extending the Social Shaping of Technology Approach: Ideology and Appropriation, en la que plantean tres puntos principales: “Los sociólogos de la tecnología le han otorgado un lugar central insuficiente a la ideología como fuerza social”; “el marketing es parte de la construcción social de la tecnología no sólo porque informa sobre el diseño sino porque juega un papel en la construcción de la demanda” y por último, que “la sociología de la tecnología en general, ha fallado en mirar a la apropiación social subjetiva de las tecnologías”. Coincidentemente, al mismo tiempo me encontré con una nota en un blog, (no necesariamente nueva) sobre un modelo de cámara Canon que había salido al mercado. El subtítulo de la nota era “La cámara para mujeres”. Por supuesto la reacción de alguna que otra bloguera no se hizo esperar. Anécdotas y pasiones aparte, me puse a investigar un poco el asunto a la luz de la propuesta de los autores mencionados y pensando en la relación entre ideología y tecnología (ya Winner decía claramente que los artefactos tenían política). Ahora bien, en un pequeño artículo llamado “Las mejores cámaras digitales para mujeres. Queremos forma y funcionalidad” se menciona lo siguiente: “Si, como la mayoría de mujeres, tu lo que quieres es básicamente tomar fotos familiares (snapshots)…” y continua dando consejos. Es decir, parece que por un lado las compañías buscan construir un mercado “femenino” para la fotografía digital que tiene un componente de pragmatismo y facilidad de uso. Para ello, se apoyan en el “diseño rosa” (no sé si exista este término pero debería difundirlo). Es decir, en elaborar unos artefactos pequeños de líneas suaves, colores como rosa o violeta y con pocos botones. El marketing por supuesto, trata de reafirmar estos elementos empaquetándolos en un aparato “hecho por mujeres para mujeres”. Ahora bien, una de las cosas que he observado en mi trabajo de campo es que una gran cantidad de mujeres (que por ejemplo en flickr están en menor número que los hombres, a diferencia de otros sitios como los fotologs), participan activamente en otro de los elementos claves del consumo de cámaras digitales: la idea de “mejorar” su equipo. Mientras que por un lado la fotografía cada vez entra más en la dinámica de la obsolescencia planificada, por otro, los usuarios, conforme van participando más de su práctica, suelen buscar comprar mejores equipos, más caros y con especificaciones técnicas más avanzadas. En resumen (y esto es como un working paper), por un lado la socialización de la práctica de la fotografía digital parece tender a que las personas busquen hacerse de equipos mejores y más caros, por otro las compañías buscan abrir el nicho de mercado e involucrar a más personas en esta dinámica. Más allá de la ideología, los objetos se construyen en la práctica.

De internet, sirenas, morfinas, virus y radiografías

He tenido al blog un poco olvidado, no sólo porque llevo un par de semanas fuera (a estas alturas hablar del congreso de la AoIR sería poco periodístico y de todas maneras ya todos mis compañeros dijeron algo más interesante que lo que pueda decir yo) sino porque a mi computadora de la oficina le entró un virus tremendo y porque he tenido inmovilizado el brazo. En cualquier caso lo curioso es que mientras algunas personas debatían en Dinamarca sobre si el online y el offline, yo no podía hacer nada online porque mi brazo estaba completemente off the line (chiste malo causado por el abuso en el consumo de ibuprofeno). Rebobino, el primer día de mi visita a Copenhague para el congreso, me resbalé intentando ver el monumento más famoso (y menos bonito hay que decirlo) de toda Dinamarca: la sirenita. Me resbalé con una piedra mojada y caí estrepitosamente mientras los turistas seguían tomando fotos sin querer enturbiar sus vacaciones con la desagradable visión de un mexicano retorciéndose del dolor a sólo unos pasos de la escultura estrella de la visita por la ciudad. Afortunadamente Elisenda (y un taxi) estaban lo suficientemente cerca como para que 20 minutos después pudiera llegar con mi dolor a un hospital que recuerdo como extraordinariamente amable. No haré halago de falsa valentía, el dolor era más fuerte que yo y sólo con ayuda de unos caballitos de morfina pudo calmarse lo suficiente como para que me tomaran unas radiografías y me recolocaran el hombro. En fin, que no disfruté la conferencia (excepto en ciertos momentos, no sé si de lucidez o de estados alterados de conciencia). Una de mis presentaciones dejó mucho que desear (aunque la otra creo que fue más que decente). Historia que sirve para dos fines; para “justificar” ante mis cientos de lectores (¿no hay un emotícono para ironías?) el tiempo transcurrido y para dar pie a mi primer post con una luxación (el lunes comienzo rehabilitación pero ya por lo menos puedo poner la mano sobre el teclado y escribir un poco).

Hoy fui al médico (uno más, éste, según dicen, especialista, traumatólogo). Los médicos cada vez se parecen más a los cajeros de los supermercados, la misma mirada ausente, el mismo tonito de “¿encontró todo lo que buscaba?”. Es curioso cómo esto de aprender a ser investigador hace que se sensibilice la mirada. Por ejemplo, me di cuenta que sólo me miró una vez a mí mientras que no despegó los ojos de la pantalla del ordenador (y vio 3 veces la de su flamante Iphone 3G que tenía sobre la mesa). Ahora viene la reflexión de fondo: el doctor miró muy por encima mi radiografía, concentrándose en ella y no en mi hombro. La radiografía pasó a ser, no ya la representación de mi sino la síntesis de la relación que tuvo conmigo en esos minutos que duró la consulta. Yo me convertí en la imagen de un hombro y en ello se concentró toda mi humanidad. La radiografía no habla del dolor que siento, de lo incómodo de no poder mover el brazo, de cómo me deja el estómago la medicina, en un estricto sentido me deshumaniza y me muestra sólo como un conjunto de datos para dar un diagnóstico. Cuando la sociología visual se encuentra con el Dr. House o algo por el estilo. En fin, estoy muy cansado y un poco mareado así que mi comentario sobre el libro que estoy (intentando) leyendo quedará para después, eso sí, les dejo mi luxación como homenaje al uso de la imagen más allá de la fotografía. El hombro del tesista:

La fotografía como medio para cambiar el mundo

La fotografía como representación del mundo, como mediadora de la experiencia, como salvaguarda de la memoria, como agente de socialización…. Todo esto se ha apuntado de la práctica fotográfica y de esta forma, hay quien cree que la fotografía también puede cambiar al mundo. La fotografía, como representación de la “realidad”, tiene una larga historia en las luchas y resistencias simbólicas (culturales, sociales) por generar la capacidad de re-presentar el mundo. Desde los Estudios Culturales y de los media por ejemplo, éste es uno de los ejes estrella. En antropología también existe una gran tradición en los estudios sobre la representación étnica que apunta a la relaciones de poder (en ese sentido eran los blancos los que fotografiaban a los indios, negros, chinos, etc.). Pues bien, en este caldo de cultivo se generan proyectos increiíblemente interesantes cómo éste que me encontré: Lens Of Vision Expression (Love), una ONG que promueve la creatividad y el arte como una forma de que los niños de países pobres “tengan la visión de alcanzar nuevos horizontes que expandan sus sueños”. La organización les da cámaras y cursos a los niños y estos hacen un trabajo espectacular. Si bien es cierto que la idea no es nada nueva (en México hay varias iniciativas parecidas con grupos marginales en el uso de la fotografía), lo que más me llamó la atención es el uso que hace el proyecto de los recursos en Internet: los niños cuelgan sus fotos en flickr y tienen cuenta en facebook.
No sé si logren cambiar el mundo (ojalá), pero claramente están desarrollando una mirada en esos niños (cuestión como para discutirse en otro post), una mirada que será difícil dejar de construir junto con una cámara fotográfica.

“¿Vienes con libreta o con cámara?”

Todavía estoy aturdido y emocionado. Ayer fue mi “entrada offline” al campo (dejar el ordenador y ponerme las botas, literalmente, era algo que me apetecía mucho). Salí en una maravillosa excursión por unos pueblos de Catalunya (Banyoles, Castellfollit de la roca y Besalú) con el grupo de flickr con el que quiero trabajar. Dado que ya había presentado mis credenciales como investigador, esta primera reunión era muy interesante porque le pondría cara a las personas detrás de las fotos (y ellos a mi, lo cual no deja de ser también una responsabilidad). Tomé algunas fotos (pocas) y algunas notas (menos de las que hubiera querido) y se dieron cosas interesantes, los miembros del grupo bromeaban todo el tiempo cuando sacaba mi pequeña libreta “uy, ya está apuntando algo” (y por supuesto más de uno me fotografió en el acto. Será un trabajo de campo divertido y con retos metodológicos interesantes (empezando por el hecho de que todos me parecieron personas majísimas y con algunos de ellos sentí una conexión inmediata, al punto de que ya los siento colegas y esto debo reflexionarlo a la luz de mi trabajo). En cualquier caso, el día pasó de manera agradable e interesante (excepto porque en el rio me caí sobre una ortiga y todavía me duele la mano, supongo que los antropólogos estarían orgullosos de mi). En algún momento, me acerqué caminando a D, con quien ya había cruzado un par de correos, me miró y con una sonrisa irónica de complicidad me dijo: “vienes con cámara o con libreta” en franca alusión a si venía como parte del grupo o como investigador. Si bien es cierto que no dejaré nunca de ser “el de la libreta”, creo que parte importante de mi etnografía será tornarme en “el de la cámara” y ayer empecé.

¿Cámara digital para invidentes?

Cada vez me queda más claro que la fotografía está virando de ser una herramienta para la preservación de la memoria a un objeto de la experiencia inmediata. Al revés de lo que por ahí se apunta de los japoneses que, cuando viajan, no ven para fotografiar sino fotografían para ver. En este caso, las personas no fotografían para recordar sino fotografían para ser (y no sé por qué pienso-relaciono este hecho con la cacería y el tiro como deporte). Lo comento porque me encontré que está en desarrollo una “cámara digital para personas con impedimento visual” (ciegos en el viejo argot no políticamente correcto). Más allá del ingenioso diseño que combina una especie de “hoja braille” con sonidos grabados por el o la usuari@ para reconocer la imagen, lo interesante es cómo, la fotografía digital, se vuelve, día con día, un instrumento  (¿necesario?) de apoyo a las vivencias cotidianas.

Un niño en la playa: sobre las fotografías, su temporalidad y función.

Cuando era niño, una de las actividades preferidas de la familia, especialmente los fines de semana, era proyectar diapositivas con fotos de la familia en sus viajes, sus cumpleaños o sus ocasiones especiales. Un poco más tarde, en mi adolescencia,  mi madre me torturaba en mis fiestas de cumpleaños apagando las luces y llegando con el proyector para que mis amigos “disfrutaran” viendo a su colega vestido con un casco, de karateca o apagando las velas en el mismo día unos años antes (la práctica termino cuando, en una fiesta de cumpleaños, uno de mis amigos, al ver una foto de toda mi familia, comenzó a tararear el tema de los locos Adams mientras los demás colegas chasqueaban los dedos). Cuento la anécdota porque hace poco mi madre se dio a la tarea de escanear aquellas diapositivas que son el pequeño repositorio de las memorias de mi niñez (y la de mis hermanos y la de toda la familia y amigos) y me di cuenta de una cosa. Todas y cada una de esas imágenes las conozco, no sólo porque las he visto cientos de veces sino porque en esas tardes de domingo, cuando se proyectaban sobre la pared, se contaban infinitas historias, se rememoraban anécdotas y situaciones referentes a la imagen, se analizaban los elementos “ese traje de baño lo compramos en tal sitio” o “en esas vacaciones fue cuando se ponchó la llanta” (pinchó la rueda para los españoles). De esa manera, la imagen se convertía en un referente “material” del imaginario (¿un imagenario?) social y el grupo se cohesionaba alrededor de él (cuestión más que dicha por Bourdieu, Chalfen, Van Dijk, etc.). Lo que me llama la atención es que, con la tecnología digital, la explosión de imágenes, la cantidad de ellas, su uso cada día más cotidiano, la fotografía parece estar cada vez más, libre de esos referentes más amplios. Que podría tener como consecuencia que tenga menor capacidad de ser “emuladora material de vivencias” y que pase a fungir más como un “espejo” en el que nos observamos una vez para mirarnos un momento y cuya imagen será olvidada en cuanto llegue la posterior. La relación entre temporalidad, subjetividad, mirada y dispositivos es algo que debo explorar más. Y bueno, para el beneplácito del personal al que le gusta ver cosas graciosas, heme aquí disfrutando de la playa en aquél Guayabitos de mi niñez (por aquello del verano). Cualquier comentario en torno al porte del autor de esta enchilada, si es positivo, puede anotarse en los comentarios, si es negativo, mejor abstenerse. Por cierto, esto me detona otra reflexión en torno a la privacidad-intimidad, ¿Qué pasaría si por ejemplo un ped er asta (lo escribo así para que Dios Google no lo pille) pasa por aquí y ve la foto? Interesante asunto.

Los besos como proceso de remediación cultural en Internet

La historia comienza cuando un día, de esos que no tengo nada interesante que decir, colgué un post con dos fotos de besos (de una “acción-social” de marketing de conocida empresa barcelonesa de ropa en donde se invitaba a la gente a besarse en una plaza pública). La segunda parte viene cuando me di cuenta que dicha entrada era la más visitada de mi blog y puse un post semireflexivo sobre ello. Desde hace unos días, las visitas a esta humilde enchilada han caído en franca picada y, después de echarle un ojo con lupa a las estadísticas, me di cuenta que ya nadie entraba al blog buscando la palabra “besos” en Google. Entonces, la busqué yo mismo para ver los resultados y cuál fue mi sorpresa al ver que, efectivamente mi foto seguía en segundo lugar pero ya no era la dirección de este blog a lo que enlazaba sino a otro blog (a un space para ser políticamente correctos). Ahora bien, movido por la curiosidad, seguí buscando “mi” foto y me la encontré, en un blog más e incluso en una versión corregida y aumentada en otro. Ahora bien, lo que me resulta interesante de la anécdota es, por un lado la “remediación” (reciclaje cultural podríamos llamarle), pero por otro lado cómo, mediante no sé cuáles mecanismos (léase Google y sus algoritmos), el tráfico, que originalmente se dirigía a mi sitio, ahora se dirige a otros. Es fabuloso (seamos sinceros, seguramente esos sitios tienen más que ofrecer para los que buscan “besos” que lo que puede ofrecer este blog pseudo-académico). Y la historia podría escribirse en clave de economía política en donde, ante los procesos de copia y uso de objetos digitales, en tiempos de Google, la presencia y el “éxito”, se van trasladando con la renovación de dichos objetos. Interesante porque por otro lado, ultimamente he leído muchas historias de cómo personas están utilizando fotos de Flickr (tomadas por otros) para hacer negocios, por aquí hay una pista sobre la reproducción de la “obra de arte” en la era digital.

Una rubia, en un restaurante árabe, con su móvil

Estaba cenando ayer en un restaurante árabe del Eixample cuando, en la mesa que estaba a mi derecha, llegó y se sentó una rubia de unos veintimuchos. Portaba un vestido ceñido con estampado setentero de tonos ocres, unas medias, casi de invierno, color café y unos discretos aretes que hacían juego con su maquillaje sobrio pero presente. Llegó sola y era evidente que esperaba a alguien. Un par de minutos más tarde, sacó un móvil de su bolsa y comenzó a ver las fotos que estaban guardadas en la memoria. Como yo estaba sentado de manera que ella me daba la espalda pero en diagonal, podía observarla perfectamente. Después de dar una vuelta por todas las fotos que tenía en su móvil (un nokia n73 de carcasa roja), puso la cámara delantera (ese móvil tiene una de mayor calidad detrás y una para videoconferencias donde está la pantalla) y se tomó una foto con cara de aburrida, después se la envío por un MMS a alguien. Siguió jugando con la cámara, tomándose fotos a sí misma y a las cosas de su mesa. Un rato más tarde, llegó su acompañante, un “chico de gimnasio” con camiseta apretada (como no) y bronceado perfecto. Se saludaron y pidieron comida como para un regimiento (de la cual sólo comieron la mitad). Él cogió el teléfono que ella había dejado sobre la mesa y, mientras llegaba la comida, comenzó a tomarle fotos a ella, luego ella le tomó fotos a él. Casi no hablaban, su interacción se basaba casi por completo en el mirar a través de la pantalla, fotografiar y luego comentar, mientras se intercambiaban de manos el teléfono, el resultado de las fotos. Cuando llegó la comida, él volvió a coger el teléfono y le tomó fotos a todos los platos mientras ella le pedía que le mostrase las imágenes. Así, mientras uno comía, el otro fotografiaba, esto duró unos minutos y luego dejaron el teléfono y comenzaron a comer ambos, dejaron de sonreír tanto. Antes de levantarme de mi mesa, noté que en la mesa de detrás de ellos, había 2 parejas que comenzaban a tomarse fotos con el móvil….

Para que luego alguien me diga que por qué hago una tesis sobre prácticas de fotografía en la vida cotidiana 😉