Etnografía digital: Una mirada Iberoamericana. Notas para un diálogo

Hace muchos años, más por una necesidad de ubicarme en el mundo académico que por un interés particular en elaborar un mapa completo, escribí un texto sobre los estudios de la “Cibercultura” en América Latina. Fue un texto irresponsable, reduccionista e incompleto que buscaba conectar sinergias y visibilizar un campo de estudios emergente sobre una tecnología emergente en una zona emergente de producción conocimiento.

Desde hace algunos meses, nuevamente sin una agenda clara pero con el mismo entusiasmo y deseo de conexión con los pares, comencé, con algunos colegas colombianos y españoles, un grupo de Facebook de personas interesadas en la etnografía digital. Más allá de que me agrade Facebook como plataforma (evidentemente no), la idea del grupo era tener un espacio para era vernos y reconocernos.

Hace un par de meses propuse al grupo crear un directorio de personas que estuvieran trabajando con el método etnográfico y que estuvieran interesadas en la cultura Digital, así, en extenso. La idea era no sólo aglutinarnos y conocernos sino comenzar un trabajo de sistematización de nuestros distintos campos, afiliaciones disciplinares y objetos. Pero sobre todo, y más importante, establecer una reflexión conjunta sobre cómo entendíamos, usábamos y pensábamos la etnografía con objetos de estudio relacionados con lo digital. Desafortunadamente, por falta de tiempo y exceso de trabajo, no he podido desarrollar la segunda parte de la idea inicial que era elaborar un “estado de la cuestión de la etnografía digital en Iberoamérica”. Estas notas son un primer paso en esa dirección.

Este post surge porque hace algunas semanas una editorial de prestigio internacional me pidió que evaluara un texto que buscaba ser una compilación “global” sobre etnografía digital. En la propuesta del libro (maravillosa, hay que decirlo), no había un sólo autor o autora de América Latina o África y sólo había una persona asiática (que no vive en Asia) y una española. Lo “global” sigue siendo dictado desde los nortes del conocimiento/poder. Por ello, y con la esperanza de que éstas reflexiones puedan ser el germen de alguna cosa mayor (un libro editado, un artículo colectivo, un wiki, etc.), presento algunas notas históricas que buscan ser un pequeño incentivo que detone la construcción de dos cosas: 1) Una “biografía teórica” sobre la etnografía en Iberoamérica (un “¿de dónde venimos y cómo hemos llegado aquí?”). Es decir, una historia del surgimiento y desarrollo de la etnografía digital en distintos lugares. La idea sería analizar cómo ha sido utilizada la mirada etnográfica para el estudio de la cultura digital y su relación con las distintas tradiciones disciplinares. Este análisis nos podría dar algunas pistas de la conformación de los campos y los objetos de estudio. Y 2) Un estado actual de la etnografía digital (un “dónde estamos y hacia dónde nos movemos”). Este punto es especialmente relevante en relación con las herramientas teóricas que utilizamos. Es fundamental y urgente que logremos generar una base teórico-metodológica que nos permita avanzar hacia el futuro sin renunciar a las particularidades de nuestros intereses específicos. Por poner un ejemplo, a estas alturas resulta poco productivo discutir si las entrevistas en línea son mejores o peores que las entrevistas cara a cara sin atender el contexto específico de uso de cada una de estas técnicas desde una reflexión epistemológica basada en la experiencia empírica (e histórica, etc.).

Apunto algunas notas breves e inconexas de forma muy personal. Éstas representan una mezcla de voyerismo metodológico, arqueología de los recuerdos y mapa caricaturizado. Sin embargo, cargan la esperanza de que a partir de ellas se encienda la mecha de un diálogo que nos lleve a una reflexión conjunta más seria (y continua) sobre nuestro quehacer como etnógrafos digitales. Por ello, además de estas notas, propongo tres acciones: 1) Elaborar un segundo documento que busque extender el directorio de etnógrafos y etnógrafas digitales (que sigue abierto esperando crecer). La idea es escribir una breve descripción del trabajo personal en cuatro ámbitos: técnicas utilizadas (tanto online como offline), construcción del campo, principales influencias teóricas, y las dificultades — y aciertos — supuestas en el trabajo etnográfico digital. La ética en el campo sería otro tema fundamental, (para ello sugiero echarle un vistazo al interesante proyecto, liderado por Adolfo Estalella, titulado “El Problematorio”). 2) Plantear el interés (o la ausencia del mismo) en la elaboración de un texto colectivo (en el formato que se decida), un estado del arte de la etnografía digital en Iberoamérica atendiendo a cuestiones históricas, los retos del estudio etnográfico de la cultura digital, las técnicas utilizadas y las decisiones tomadas. Y para ello, subo estas notas de manera abierta para que cualquiera pueda extenderlas, matizarlas, transformarlas y utilizarlas como base para nuevas ramificaciones. Y 3) Elaborar una bibliografía comentada sobre textos metodológicos (con especial énfasis en textos en español o portugués). Que no quede por falta de ideas al menos.

¿Dónde surge la etnografía digital Iberoamericana?

Plantear que existe una fuente única de inspiración o de gestación de estudios etnográficos sobre el mundo digital sería un sinsentido. En otro texto intenté delinear algunas reflexiones más amplias sobre la relación histórica entre objetos de estudio de la cultura digital y el uso del método etnográfico (ver. Ardèvol y Gómez, 2013). Sin embargo, resulta curioso anotar que algunas de las primeras y tímidas propuestas que buscaban reflexionar etnográficamente sobre la tecnología digital se hayan gestado en el marco de los estudios de comunicación (cuestión que también sucedió en Estados Unidos, por ejemplo con la formación de la AoIR). Esto puede deberse a dos elementos: a la equivalencia temprana que se hizo de internet con otros “medios de comunicación”, integrándose así como un objeto más de los estudios de medios y comunicación, o a que la constitución más “sólida” de objetos de estudio en disciplinas como la antropología o la sociología haya evitado la emergencia de objetos no tradicionales (y eso de estudiar Internet, aceptémoslo, acarreaba sospechas). Aunque la tecnología, como instrumento y como reflexión, siempre ha sido importante tanto en la sociología como en la antropología, la reflexión sobre lo digital no pareció relevante hasta que permeó a una gran mayoría de aspectos en la cotidianeidad.

No puedo evitar pensar en el Observatorio para la Sociedad (OCS), un proyecto que estaba adelantado a su tiempo y que tuvo su origen en el año 2000 (con un renacer reciente sin mucho éxito). El OCS fue uno de los primeros “espacios” de encuentro entre personas interesadas en lo digital independientemente de su disciplina. Este encuentro era especialmente relevante y activo durante sus “ciber-congresos”. Por ejemplo, en el primer congreso (2002), hubo un grupo de trabajo titulado El investigador en la sociedad digitalizada, en él, la mayoría de las seis comunicaciones del grupo eran reflexiones sobre el uso del método etnográfico para el estudio del Ciberespacio. Resulta curiosamente inspirador que muchos académicos que han logrado su consagración tuvieron en el OCS sus inicios. Sin embargo, en el segundo congreso (2004) hubo sólo seis ponencias (de cientos) en los que la etnografía era una palabra clave. No parecía haber una continuidad con el ciber-congreso anterior. En el tercer congreso, con un grupo de colegas coordinamos un grupo de trabajo titulado: Etnografías de lo Digital (que fue el germen de un sitio, también fallido, y un blog que ahora está abandonado).

Aunque una gran mayoría de trabajos presentados en el OCS eran ensayísticos (bien sea por la falta de recursos para elaborar investigaciones o simplemente por la tradición de la ciencia social en español) y el material empírico era muy limitado, destacaban una cantidad importante de textos de corte cualitativo que coqueteaban con la etnografía “virtual”. Abundaban las propuestas para el estudio de los nuevos espacios/prácticas/mediaciones en la pantalla. Resulta también interesante (y nostálgico) apuntar que algunos de los líderes de aquel grupo de pioneros cambiaron de orientación o intereses y se alejaron del mundo académico. Pienso en Joan Mayans, cuyo libro fue una de las primeras etnografías “virtuales” que se publicaron en español, en Agnés Vayreda y en Fernando Garrido, todos ellos amigos, colegas y visionarios que fueron fundamentales para el desarrollo de una reflexión etnográfica sobre las Tecnologías de Información y Comunicación y que, por diversas razones, han modificado sus intereses de investigación o de vida.

El rol de los estudios de educación y de juventud

La educación, como campo, siempre jugó un papel fundamental en la puesta en marcha de estudios de corte etnográfico, especialmente desde que se puso de moda la “educación virtual” que, en su faceta digital, tenía implicaciones más amplias que una educación a distancia. Desde hace un par de décadas se han elaborado una infinidad de estudios que planteaban la pregunta de si la educación con herramientas digitales podría suplantar/mejorar/ampliar los procesos educativos tradicionales. En ese sentido la etnografía, una compañera clásica de los estudios sobre los procesos educativos en el aula, se trasladó a estos nuevos “espacios virtuales” donde se proponían nuevos modelos de relación entre docentes y alumnos y formas de aprendizaje no tradicional. Una vez más la distinción entre virtual/real, entre online y offline, se ponía en marcha.

De esta manera, se destaca la pregunta que subyace en una gran proporción de estos estudios y que podría reducirse al interés en el “uso social de las tecnologías (internet, teléfonos móviles, redes sociales, etc.) por parte de los alumnos”. En estrecha relación con los procesos educativos, y por obvias razones, otro objeto se superponía, el de la juventud. Los jóvenes siempre han estado en el centro de los estudios digitales porque se asume que son ellos los portadores naturales de las prácticas con tecnologías digitales (construyendo así una visión que en muchas ocasiones es errónea o sumamente simplista). De esta forma se han elaborado estudios cualitativos o etnográficos que buscan desentrañar los secretos de la generación Facebook, la generación Twitter, la generación Instagram, los nativos digitales, la generación del dedo pulgar y una infinidad de generaciones que se superponen dependiendo de la tecnología de moda y que acaban siendo monolitos reduccionistas, acríticos y normativos).

La etnografía digital como campo, método y reflexión

Uno de los puntos centrales, uno que me interesa especialmente destacar aquí, y que a mi gusto resulta fundamental para avanzar en el desarrollo de herramientas teórico-metodológicas, es el que tiene que ver con la reflexión metodológica. Es decir, la reflexión analítica y crítica sobre nuestras técnicas, decisiones, problemas y fórmulas creativas en la recolección, análisis, interpretación o presentación de datos.

Desafortunadamente la búsqueda (o exposición) de fórmulas o recetas ha funcionado más como un ancla que como una vela en una reflexión que tiene que ser, por fuerza, abierta y siempre en proceso. Son pocos los textos que reflexionan teóricamente sobre el proceso metodológico. Para el trabajo etnográfico no basta describir los pasos y las decisiones tomadas, es especialmente relevante la reflexión sobre la construcción del campo, las técnicas usadas en relación a lo que constituye un dato, los procesos de recolección de los mismos, la ética en el campo, las decisiones creativas y las implicaciones de todo lo anterior para la configuración del propio método. La idea entonces es formar un mapa que, de forma colaborativa (aunque siempre insuficiente) nos permita acercarnos al “estado de la cuestión” de la etnografía digital en Iberoamérica. La invitación, nuevamente, está abierta.

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