Reflexión personal sobre los objetos de investigación

Soy un académico hijo de académicos. Toda mi vida he comido gracias a la universidad; primero como hijo de universitarios, como estudiante becado, como asistente de investigación, como profesor y como investigador. Mi relación con la universidad no es sólo orgánica sino casi metafísica; me siento cómodo en ella. De hecho, desde hace casi 20 años que paso la mayoría de mis días en la universidad y es ahora que comienzo a salir de ella, en un sentido metafórico.

Cuando comencé a interesarme por internet como objeto de estudio, allá por 1993, presentía que esa “nueva tecnología” cambiaría la forma en la que nos comunicábamos (y para un estudiante de comunicación eso era fundamental). Han pasado muchos años y, después de estudiar la forma en la que las personas se comunicaban online o cómo construían identidades y relaciones a través del texto, llegué a mi interés por lo visual. Internet había cambiado pero yo seguía interesado por las mediaciones tecnológicas, esta vez visuales y digitales. Esa ha sido, extremadamente reducida, mi trayectoria académica.

Habiendo nacido y crecido en un país como México donde las desigualdades sociales (culturales, económicas, alimentarias y un largo etcétera) son tan marcadas y evidentes, siempre he deseado que la tecnología sea ser un instrumento de desarrollo (así, en el sentido más extenso). Por ello me he dedicado a estudiar a las personas con mayor acceso y recursos para el uso de tecnologías. Mis trabajos de campo siempre han estado centrados en personas educadas, de clase media alta y en poblaciones urbanas. Entre amigos incluso llegué a bromear sobre el hecho de que el trabajo de campo de mi tesis doctoral había consistido en tomar cervezas, comer patatas bravas y pasear por Barcelona tomando fotos con un grupo de gente molt maca.

En diciembre cumplo una década de vivir fuera de México y hace casi uno que trabajo en Inglaterra. Tengo una oficina muy cómoda en un campus bonito y con personalidad y cuento con recursos más que decentes para hacer investigación. Inglaterra es sin duda un país desarrollado y referente en muchos aspectos globales y es un privilegio vivir y trabajar aquí. Cuando llegué pensé en continuar con mis proyectos sobre las mediaciones tecnológicas y de hecho así es (tengo un proyecto personal sobre las Culturas de la Pantalla que espero termine siendo un libro). Sin embargo, mis preocupaciones académicas están virando y resulta interesante de apuntar algo al respecto.

Ya lo he comentado en algún otro lado pero, un día, tomando algo con algunos colegas antropólogos ingleses (que trabajaban en la India) se reían de mi por ser el único tercermundista que conocían que hacía una etnografía sobre personas de clase alta de un país desarrollado (aunque tal como están las cosas, habría quien dudaría en poner a España en ese grupo). La cuestión es que actualmente estoy participando en dos proyectos que me van conectando cada vez más con las poblaciones desfavorecidas y marginales de Yorkshire (una región muy peculiar por su pasado industrial y obrero). Si bien es cierto que los conceptos de marginalidad y pobreza resultan completamente distintos en el marco de un Estado de Bienestar (en proceso de desaparición evidentemente), lo cierto es que trabajar de cerca con estas personas está resultando un reto importante. La complejidad de los fenómenos sociales, y la responsabilidad que como investigadores tenemos, deben ser revisadas constantemente. No es que me avergüence de mis trabajos anteriores pero está siendo aleccionador trabajar y aprender de poblaciones que se enfrentan constantemente a la cara más dura de una sociedad capitalista. Una sociedad  en la que prima lo individual y en donde el racismo, clasismo e inequidad de género siguen siendo la cotidianeidad a la que se enfrentan muchas de las personas con las que hago trabajo de campo. Tuve que venir a Inglaterra para cambiar de visión sobre lo que es necesario investigar, sobre la responsabilidad que tenemos como investigadores, sobre nuestra posición como agentes activos de cambio y no sólo como meros espectadores de las desigualdades cada vez mayores.

Más sobre esto en el futuro.

One thought on “Reflexión personal sobre los objetos de investigación

  1. Lindo leer esto Edgar: así como la investigación es un proceso en transformación, vida del investigador también lo es. Hace bien eso de salirse de ciertos lugares por los que se anda cómodo y dejarse interpelar por otros mundos (materiales y de sentido). Ya nos contarás que sale de este proceso.

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