Adenda a “De la Cultura Kodak…” Vol. I

Para Jordi V. Pou, por sus iluminaciones emic y por el germen de amistad.

(aquí el post en pdf)

Debo comenzar con una confesión ¿Quién sería yo si no hablara de mi subjetividad cuando hablo de mi trabajo? Esa es, finalmente, “la voz” de la que hablaba mi directora de tesis al referirse al tipo de escritura que tenía que encontrar y hacer propia, mi estilo. La confesión es que siempre he querido tener una relación epistolar con algún colega con el que tuviéramos posiciones distintas pero un gusto común por debatirlas en el marco del respeto y el interés por el otro. No me desviaré hablando de Sartre, quien es sin duda un modelo a seguir en este tipo de intercambios, en cambio diré que he disfrutado un breve pero riquísimo intercambio con un ya amigo al que nunca he visto en persona.

La historia comienza así: Al anunciar la publicación del libro, alguien llamado Jordi me mandó un twitt interesándose por el texto. Unos días después de publicado el libro, Jordi V. Pou, ahora un contacto en twitter, me envió otro mensaje diciéndome que lo había comprado. Finalmente, unos días más tarde otro breve mensaje me anunciaba que ya lo había leído. Es de agradecerse que alguien se haya tomado la molestia de gastar tanto dinero en tu propio libro pero se agradece incluso más que alguien se tome el tiempo de darte su punto de vista y hacer su crítica. A partir de ello, hemos comenzado una serie de intercambios con un pequeño debate sobre algunos de los puntos señalados en el texto. Con su permiso (el de Jordi y el de ustedes), pondré algunas de mis respuestas a sus amables y certeros comentarios aquí para que la gente interesada pueda sumarse al debate.

Punto de partida: Una etnografía sobre fotografía (la posición etic)

Jordi es fotógrafo, así se define, así lo vive y lleva veinte años siéndolo. Y por si a alguien le queda alguna duda, basta con darse una vuelta por su excelente portafolio. Si alguien hiciera una tesis y escribiera un libro sobre doctores recientes, sobre vegetarianos o sobre mexicanos en la diáspora, yo tendría dos o tres cosas que decir al respecto por mi propia vivencia así que entiendo su posición porque, además, él mismo escribe y reflexiona sobre fotografía. En algún momento pensé en escribir en la introducción del libro algo como:

Es posible que este texto decepcione profundamente a los teóricos de la fotografía que lo lean porque quizá no les diga nada que no sepan. También podría decepcionar a los estudiosos de Internet que esperen encontrar una nueva teoría sobre la red de redes. Este texto puede que no llene las expectativas de sociólogos, antropólogos o gente de comunicación. Y sin embargo, el acierto que aspiro a tener con él es precisamente que cualquiera de las personas anteriores pueda interesarse y debatir las ideas que aquí se exponen. Mi trabajo no es sobre fotografía, Internet, etnografía o teoría de la comunicación. Y sin embargo, es sobre todo esto.

Así que, retomo el reto de hablarle (sólo) a los fotógrafos (abanderados por Jordi) y trataré de extender algunos de mis argumentos aclarando, como bien lo hizo él, que mi posición es la de un investigador social sobre la imagen fotográfica, por lo tanto, no soy experto ni en fotografía ni mucho menos fotógrafo.

El tiempo pasa muy deprisa

Los que nos hemos decantado por estudiar la relación entre tecnologías digitales y fenómenos sociales estamos siempre gravitando entre estar en la punta de la ola o en volvernos obsoletos de la noche a la mañana. En estricto sentido ambas cosas son verdad simultáneamente.

El título de mi tesis era: “De la Cultura Kodak a la Cultura Flickr”, en el libro decidí cambiar el “Cultura Flickr” por el “Imagen en red”, ambos son los conceptos analíticos que desarrollé a partir del trabajo de campo que terminó en marzo del 2010. El problema es que mientras yo terminaba mi recogida de datos, surgió una nueva plataforma que se convirtió en el paradigma de la fotografía digital (y móvil): Instagram. Consciente de ello, cuando firmé para publicar el libro, me reuní con un grupo muy activo de instagramers, todos iphoneros (es decir, instagramers pioneros, no esos advenedizos de android que llegaron después, obviamente lo digo como un guiño a una situación muy interesante de estudiar, de pugna entre capitales socio/tecnológicos, al estilo Bourdieu). Hice una especie de sesión de grupo improvisada y pasé un par de horas hablando con ellos de instagram. Acto seguido, me hice mi cuenta y comencé una pequeña “extensión” del trabajo de campo. Lo hice con la finalidad de saber si el texto era ya obsoleto antes de publicarlo, mi respuesta fue que no. Muchas de las cuestiones que comento en el texto pueden fácilmente ser aplicables a instagram, que de hecho sintetiza, en forma móvil, muchas características que hicieron exitosas a otras plataformas. Se basa en la persona (fotolog) pero también en la fotografía en sí misma (Flickr), engancha por lo cotidiano (Facebook) y tiene el componente del aquí y ahora (Twitter). Y aunque carece de características fundamentales (grupos, un ranking total), lo cierto es que está siendo usado por redes establecidas previamente a través de distintas plataformas y sus prácticas podían observarse con otras tecnologías (el MMS para la inmediatez, ampliamente documentado por los nórdicos, por citar un ejemplo). No tengo el dato preciso pero a manera de hipótesis puedo decir que los seguidores de cada persona en instagram son, en una gran mayoría, personas que ya se seguían en Facebook, flickr, twitter, etc. (así como a su vez muchos de los seguidores de flickr provenían de cuentas de fotolog). En resumen, aunque cada plataforma presenta características peculiares y ningún trabajo académico podría dar cuenta en profundidad de ellas “en tiempo real”, lo cierto es que esas continuidades/discontinuidades resultan el objeto mismo de nuestro quehacer. El hecho de que una Cultura Kodak haya durado casi 100 años y que un cambio tan importante (al que llamé cultura flickr) haya durado apenas unos años (en el entendido de que la movilidad, postprocesamiento en el mismo dispositivo, y la conexión permanente que son características de la fotografía móvil podrían describirse como una “cultura instagram”) es en sí mismo un resultado interesante para los fotógrafos. Sin embargo, instagram no me parece necesariamente una gran ruptura con Flickr.

Ahora bien, el campo de la fotografía está cambiando: los profesionales pierden identidad, los amateurs hacen cada vez más trabajos pagados, los artistas se suman a vanguardias como la iphoneografía, los periodistas gráficos manipulan imágenes y, una cosa de la que se habla poco pero que volverá a cambiar el juego en los próximos años, que ya ni siquiera se necesita una cámara para crear imágenes fotográficas. La velocidad de los cambios es apabullante. Y sin embargo, mi trabajo no intenta ser un recuento de transformaciones y prospectiva de la “fotografía del futuro”, mi objetivo es más modesto y consiste en analizar cómo un grupo de personas integran las prácticas de fotografía digital en su vida cotidiana. Las personas del grupo de Flickr al que seguí, y que ya son mis amigos, ahora son mis contactos en instagram y, aunque no aparezcan como un grupo, son fácilmente identificables como tal.

El grupo de Flickr es como un fotoclub de hace 20 años

Jordi apunta, atinadamente, que el grupo que estudié no difiere en nada de los clubes que él conoce desde hace 20 años. También comparten la afición por la fotografía, también se reúnen para comer y beber y también se fotografían entre ellos. Aquí la clave está en dos lados de la misma moneda. Por un lado mi trabajo de campo responde a esos discursos tecnofóbicos (que todavía los hay) mostrando cómo, con móviles, pantallas planas, iphones y cámaras digitales, la gente sigue haciendo lo que siempre ha hecho: reunirse, compartir, aprender juntos y conocer gente nueva. Pero al mismo tiempo, el que la gente se conozca mayoritariamente a través de una pantalla (cualesquiera que ésta sea), mediante unos mecanismos que están inscritos en el diseño de las plataformas (contactos, grupos, favoritas, comentarios, etc.) y en constante movilidad y mediación tecnológica, es en sí mismo un cambio (que quizá interesa más a los sociólogos/antropólogos que a los fotógrafos). Retomo a Manovich quien habla de la paradoja de la fotografía digital. Ésta, según el autor y yo estoy de acuerdo con él, refuerza la fotografía de toda la vida al mismo tiempo que genera una completamente distinta. Parafraseándolo, las redes sociales de toda la vida son las mismas de siempre, pero se consolidan de formas completamente distintas.

Flickr es Kodak, la verdadera revolución es instagram

Jordi propone que “Flickr ha sido y quizás sigue siendo una plataforma para fotógrafos aficionados” mientras que para él “la gran revolución surge cuando los no-fotógrafos, los que no quieren serlo, empiezan a utilizar la fotografía como una parte más de su manera de relacionarse con los otros, con su entorno”. Este es el punto en el que menos estaría de acuerdo. Por un lado Flickr hizo, y eso está ampliamente documentado en mi trabajo de campo aunque es posible que haya fallado en expresarlo en el libro, que muchas personas que no estaban interesadas en la fotografía en sí misma, se hayan convertido en entusiastas de la fotografía. Conocí personas que llegaron con una point & shoot a su primer salida y acabaron comprando lentes, filtros y cuerpos semi-profesionales. Fui testigo de cómo personas que nunca habían utilizado Photoshop terminaron siendo unos expertos y, por supuesto, lo que más observé fue cómo personas interesadas por la computación terminaron enganchadas a la fotografía porque era “el nuevo juguete tecnológico”. Por otro lado, Flickr puso, en un mismo “nivel” a profesionales, amateurs y snapshoters y eso hizo que las barreras, antes tan claras, se volvieran porosas (sin contar además la facilidad para aprender viendo, compartiendo y comentando).

El problema es de definición creo yo, instagram lo que ha logrado es que cualquier persona se sienta fotógrafa, aunque no quiera serlo (con la contraparte de la crítica de quienes detentaban el título anteriormente que critican encarnizadamente esta idea) y la utilicen para algo que nunca se había utilizado con tanta amplitud y eficacia, para comunicarse, PERO (y este “pero” es importante y por eso lo pongo en mayúscula, sin renunciar a una forma estética, aunque esta sea pre-empaquetada y puesta como un menú). Mientras que no todas las personas que suben fotos a Facebook se sienten fotógrafas y muchas de las que estaban en Flickr aspiraban a serlo, los instagramers lo hacen de manera natural; suben tantas fotos como en Facebook, y al mismo tiempo sienten que son imágenes “decentes” como las que se subirían a Flickr. Ahora bien, lo más interesante de instagram, al menos lo que he detectado, es el uso que muchas mujeres hacen de la plataforma, ya no (sólo) para buscar convertirse en  “microcelebridades”, sino para serlo como expertas en moda. Algo así como: When Anna Wintour meets Cartier-Bresson.

Finalmente, Jordi propone el concepto Cultura Iphone. Precisamente está por publicarse (cualquiera de estos días ya aparece en línea), un texto que escribimos, junto con Eric Meyer de Oxford, sobre el actual (bueno, actual en el momento en el que escribimos el texto, en 2010) “momento iphone” de la fotografía (y del cual hablaré y enlazaré en cuanto salga pero que va en esa línea historicista).

Como colofón a este (espero que primer) intercambio, Jordi dice que: “somos muy atrevidos al intentar comprender y explicar que sucede” porque, dada la rapidez con la que se suceden los fenómenos, nuestras explicaciones acaban siendo obsoletas con mucha facilidad. Le doy toda la razón pero mi error parece (otra vez) de definición. Quizá cometí un error al nombrar “Cultura Flickr” a estos cambios que siguen sucediendo, es claro que lo hice por la importancia de la plataforma durante mi trabajo de campo, sin embargo, muchas de las cosas que caracterizan a esta “imagen en red”, y que propongo son parte de una nueva relación cultural con la fotografía, ya estaban en los MMS, en el fotolog, siguieron estando en Flickr y Facebook y ahora son infinitamente potenciados por instagram. No hemos acabado de ver las transformaciones, pero ya podemos decir que algo está cambiando y cuáles son los términos generales de dicha transformación, esa era la pretensión del texto, pero sobre todo, la búsqueda era académica y no sólo está en los resultados sino en la forma de obtenerlos. Estudiar la fotografía no como una representación, hacerlo etnográficamente, analizar las prácticas, la materialidad, las mediaciones, los discursos, y las tecnologías, y no reducir la acción fotográfica a la imagen y su contenido, creo que son las claves del trabajo de cara al ámbito académico. De cara a los fotógrafos, quizá acaben decepcionados del libro pero me alegra que les interese discutirlo😉

4 thoughts on “Adenda a “De la Cultura Kodak…” Vol. I

  1. Como fotógrafo ninguna decepción con tu libro Edgar, más bien todo lo contrario. Si una cosa me gusta es ver como mucha de la teoría sobre fotografía, o sus usos sociales, provienen precisamente de personas que no se definen como fotógrafos. Esa visión externa ayuda mucho a los que pretendemos entenderla desde dentro, pero sufrimos de cierta deformación profesional, por llamarlo de alguna manera, que nos impide tomar distancia para ver qué sucede.

    Por tanto, a pesar de que digas lo contrario, yo sí que considero que eres un experto en fotografía, tu trabajo lo demuestra. Y eso es para mí mucho más importante que ser fotógrafo, término que, debe decirse, se ha ido haciendo difuso con la evolución reciente de la fotografía. Sé que esta afirmación abre otras dudas, presentes siempre, sobre que es la fotografía, pero esas dejémoslas para otro momento si te parece.

    Vamos al tema que nos ocupa. Veo dos problemas de base en la argumentación de tu respuesta, uno muy común y extendido, y otro posiblemente imputable a tu método de trabajo.

    Voy a ver si soy capaz de explicarme.

    Si miras otra vez mí primera comunicación contigo, la que te llego vía email y a la que respondes que el texto de esta entrada en tu blog, verás que nunca hablo de “cultura Instagram”. Mucho menos digo que la verdadera revolución es Instragram. Nunca. Porque no creo que lo sea. Fíjate como yo te hablo de la “cultura smartphone” y más concretamente de la “cultura iPhone” por ser el factor determinante, en mi modesta opinión. El error habitual es identificar fotos hechas con Smartphone con Instagram, y por defecto mezclar los dos conceptos.

    Instagram debe su éxito a ser capaz de aprovechar las posibilidades de una herramienta extraordinaria, el iPhone. En la era digital la complejidad ha sido uno de los principales problemas de la fotografía, la profesional, la de los aficionados y, por encima de todo, de la domestica. Una complejidad técnica (tarjetas, cables, megapíxels, discos duros, etc..) pero también organizativa, como bien indicas en tu libro cuando hablas del concepto fototrabajo. Siempre he creído, precisamente por todo esto, que la digitalización de la fotografía no trajo consigo directamente un incremento de las fotografías realizadas, al menos no en las magnitudes que vemos ahora o fuera de una tendencia de crecimiento normal. ¿A qué se debe entonces la masificación fotografía actual? creo que a la incorporación de la cámara digital al teléfono móvil.

    Instagram es sin duda la plataforma estrella para los smartphones. Pero es preciso destacar que la cámara más utilizada por los usuarios de Flickr es también un iPhone. No he sido capaz de encontrar estadísticas de cámaras utilizadas en las imágenes subidas a Facebook, pero creo firmemente que la mayoría se suben desde smartphones, cualquiera de ellos. Y Facebook sigue siendo el gran campo de estudi, en mi opinión, para analizar la evolución de los usos de la fotografía. Ninguna otra red social o fotográfica tiene tantas imágenes almacenadas ni recibe tantas a diario.

    En Instagram muchos usuarios tiene pretensiones fotográficas, al estilo de Flickr como tu bien indicas, aunque muchos otros no. Estos últimos lo utilizan más como herramienta de comunicación social que no de creación fotográfica. La clave es que utilizan la fotografía. Esa es la revolución, la adopción de la fotografía como una parte más de nuestras herramientas de comunicación, como si de un lenguaje se tratara. Un lenguaje efectivo y global.
    No quiero discutir sobre Instagram, ya se ha escrito mucho sobre el tema recientemente. Me interesan más otros aspectos. Voy a poner un par de ejemplos para explicar cuáles son para mí los dos cambios principales generados por la era Smartphone.

    El primero es de hace pocos días. Sucede durante la inauguración de los juegos olímpicos en Londres. En una parte del show se hace un homenaje a la era digital. Lo hacen mediante la historia de dos adolescentes que a lo largo de un viaje musical por las últimas décadas pasan de no conocerse a ser pareja. El hilo conductor de toda esta relación acaba siendo las fotografías que van haciendo con sus teléfonos móviles, y que se intercambian en redes sociales. Algunas, por cierto, con estilos de filtros similares a Instagram. Si lo has visto lo recordarás sino te recomiendo verlo. Para mí es una explicación excelente de en que se ha convertido la fotografía. Su incorporación a una herramienta de comunicación la convierte justo en ello.

    El segundo ejemplo es más simple, no tan grandilocuente. Utilizo para ello una fotografía compartida precisamente en Instagram. El link es http://instagram.com/p/NZpP1cJFrR/ . Es una foto tuya Edgar (aclaro a los lectores que dispongo de tu permiso para utilizarla). Una foto hecha en el servicio, en el wáter. Leía hace poco una estadística reciente sobre el uso del Smartphone en Estados Unidos. Un estudio realizado por Lookout llamado Mobile Mindset Study. Entre otros datos interesantes indican que un 40% de usuarios de smartphones se lo llevan al wáter. La clave es que esa mayoría de smartphones, por no decir todos, llevan una cámara incorporada. Hace diez años nadie se llevaba la cámara de fotos al wáter, ahora lo hacen un 40% de los americanos. Eso significa que tienen con ellos la cámara disponible y que, por tanto, algunos la utilicen. Si miramos en Instagram veremos varias de esas imágenes, incluida tu imagen Edgar. Esta supuesta banalidad, o incluso chiste, no lo es en absoluto para mí. Determina unos nuevos usos, unos nuevos espacios. La disponibilidad constante de la cámara genera multitud de nuevas imágenes, de ahí nace la masificación actual. Y todo gracias a la cámara en el móvil.

    Esos dos ejemplos, curiosamente más o menos ligados a Instagram, tendrían que servir para definir lo que yo llame en mi respuesta los No-Fotógrafos. Es ese nuevo usuario diario de la fotografía, casi siempre utilizando un Smartphone, y que le encuentra todo tipo de utilidades diversas, no siempre concordantes con las clásicas de la fotografía.

    Me queda solo decir cual creo que es el segundo error que cometes. El que es más particular de tu método de trabajo. Creo que es la búsqueda del grupo preestablecido, incluso la con el grupo, del contacto físico con ellos. Analizar Instagram o la fotografía de smartphones partiendo de grupos preestablecidos creo que cierra las puertas a muchas posibilidades. Casi diría que es utilizar un método valido pero antiguo para unas normas nuevas en construcción, aunque obviamente estas normas nuevas, esta tendencia, no sean comunes para todos los usuarios. No quiero extenderme más, ocasiones habrá de seguir con este punto. Espero que se entienda a que me refiero.

    Me dejo seguro alguna cosa por responder. Pero por el momento ya he dicho suficiente para mantener la charla. Un placer por cierto.

    Un abrazo.

    • Primero que nada, me alegro que no te haya decepcionado el libro, y si ha podido generar esta conexión e intercambio, ya ha sido un triunfo poder publicarlo.
      Respondo entonces a tus dos apreciaciones con sendas respuestas:
      1. Tienes razón, nunca hablaste de una “Cultura Instagram”, yo lo mencioné por tu crítica a mi concepto de “Cultura Flickr”. No propongo que dicha cultura sea establecida, sostenida o creada por flickr sino que era en esa plataforma donde más claramente podían observarse dichos cambios en el momento de mi trabajo de campo. Así como instagram no es ni la primera ni la única plataforma de fotografía móvil, sí es la que mejor representa las transformaciones de las que hablas tú (aunque ahora, al ser parte de Facebook, la “economía política” queda menos clara). En ese sentido, yo no hablaría de una “Cultura iPhone” (aunque ciertamente es el teléfono-cámara más usado, ya lo mencionamos así en ese texto que está por publicarse). El concepto clave (y en ese creo que estábamos de acuerdo) era el de “imagen en red” (como contraposición y para diferenciar a la fotografía digital de la analógica tradicional, tanto en su materialidad como en las prácticas que la utilizaban). Antes de la explosión de la fotografía digital, los teléfonos móviles ya tenían una cámara (hace más de una década que salieron los primeros modelos en algunos países). Dada la poca calidad de sus imágenes, y que éstas tenían que transferirse al ordenador, algo como instagram hubiera sido impensable en ese momento. En algunos países, sin embargo, se generó un corpus de investigación muy amplio e importante sobre la fotografía móvil y en específico sobre los MMS que ya apuntaban esos “usos distintos” que señalas. En Finlandia trabajos como el de Koskinen (2007), Villi (2007), Rantavuo (2008), y en Japón los de Okabe (2004) y Okabe & Ito (2003) (todos ellos citados en el libro), ya hablaban de estos usos distintos de la fotografía en los móviles (como por ejemplo, llevar la cámara al baño). La clave está en que no es sino hasta la conexión permanente a Internet que la telefonía móvil explota como instrumento de producción visual, ahí sí el iPhone fue pionero (como menciono en el libro) por haber sido el primer teléfono que se vendía con un plan de datos (si bien es cierto que hacía tiempo atrás la Blackberry ya lo ofrecía, nunca se relacionó con la posibilidad de usarla como cámara de fotos). Pero para cuando el iPhone surgió, muchas de las prácticas de la fotografía digital ya se daban. En resumen, mi foco de atención no está en si determinado aparato (o plataforma) es la que “transforma” a la fotografía, sino cómo distintas prácticas, relacionadas con distintas tecnologías, han ido co-constituyéndose como DISTINTAS de las tradicionales. De ahí que, en su momento, donde pudieran observarse con mayor claridad fuera en flickr, después fue en Facebook y ahora es en instagram. Pero en las tres plataformas (todavía vigentes) se pueden observar las prácticas de la imagen en red que son distintivas de una cultura diferente pero que no están atadas, ni a un aparato (el iPhone o los smartphones en general) ni a una plataforma (llámese flickr o instagram). El concepto “Cultura Flickr” era sólo un concepto de trabajo para señalar estas diferencias, no un concepto normativo sobre cómo una plataforma o tecnología era el causante de las mismas.
      En cualquier caso, estoy completamente de acuerdo con esto que escribes: “Esa es la revolución, la adopción de la fotografía como una parte más de nuestras herramientas de comunicación, como si de un lenguaje se tratara. Un lenguaje efectivo y global”. Eso es lo que yo llamo “imagen en red”, para distinguirla de la fotografía analógica.
      No pude ver lo de la inauguración de los J.J.O.O. pero buscaré la referencia, parece interesante.
      Ahora bien, sobre la foto que enlazas, es curioso que la hayas enlazado porque no está hecha en un water (al menos en el sentido funcional) sino en el CCCB en una exposición de Martin Parr. El baño que se ve es una recreación del baño de un coleccionista que forma parte de la exposición. Entiendo tu punto y me parece correcto, pero precisamente por eso planteo en mi estudio analizar las imágenes no como representaciones sino como acciones. Para ti estoy en el baño, leída en contexto junto con Twitter y Facebook, estoy en una exposición de fotografía en un museo😉
      En cuanto al segundo “error” que cometo en el texto. Es curioso que lo señales porque mi directora de tesis también dudaba de si trabajar con un grupo establecido era lo correcto. Es una pena que por motivos de economía no haya podido incluir los dos capítulos metodológicos de la tesis en el libro, donde explico detalladamente la construcción del campo (esperando poder publicar algo al respecto pronto). La clave es que mi trabajo de campo NO FUE SÓLO sobre un grupo de Flickr sino que seguí las prácticas de fotografía digital, muchas de ellas observadas en el grupo, otras observadas en Flickr (por ejemplo, para el capítulo de autorretratos, sólo hablo de una persona del grupo porque era una práctica que observé mucho pero que no se daba tanto en el grupo), otras más observadas en la calle, etc. Sin embargo, centrarme en el grupo me sirvió para entender cómo un colectivo integraba dichas prácticas en su vida cotidiana y, sobre todo, cómo se había establecido a través de la mediación tecnológica (cuando yo llegué era ya un grupo pero pude tener la información de su trayectoria como tal y cómo fue, a veces la fotografía, a veces la amistad, a veces la tecnología, a veces la plataforma lo que generaba la “red social”).
      Seguimos y gracias, un abrazo.
      Referencias
      Koskinen, I. (2007). Mobile Multimedia in Action. New Jersey: Transaction Pub.
      Okabe, D. (2004, 18-19 octubre). Emergent Social Practices, Situations and Relations through Everyday Camera Phone Use. Paper presented at the Conference on Mobile Communication in Seoul, Seúl, Korea.
      Okabe, D., & Ito, M. (2003). Camera phones changing the definition of picture-worthy. Japan Media Review, 29.
      Rantavuo, H. (2008). Connecting photos: A qualitative study of cameraphone photo use: University of Art and Design Helsinki.
      Villi, M. (2007). Mobile visual communication: photo messages and camera phone photography. Nordicom review, 28(1), 49-62.

  2. Yo creo que en el fondo estamos de acuerdo. La transformación de la fotografía se debe al uso que le da la gente no a los equipos. Importa poco el como lo llamemos. Y si en la época Kodak el equipo fue la base de la transformación ( junto con la campaña Kodak por supuesto ) ahora ahora todo es más difuso. La fotografía digital es, desde sus orígenes, un mundo complejo, con muchos intereses comerciales contrapuestos que han provocado un dificultad añadida a la hora de escoger y utilizar los equipos.

    Me atrevería a decir que la fotografía digital como tal añade bien poco a la revolución que estamos viviendo. En esta era digital es mucho más importante el entorno que el equipo. Me refiero a internet, las redes sociales, los smartphones, etc.. y, por encima de todo, los usuarios. Estos han sido capaces de encontrar la manera de utilizar todas las posibilidades combinadas, ellos dirigen la revolución en la fotografía. Con ayudas como la que supuso el iPhone, insisto, no por novedoso sino por popular. Todos los interesados en el tema, teóricos de toda la vida o advenedizos, no podemos hacer más que observar con los ojos abiertos.

    Un solo dato para la reflexión. Es de una estadística de Infotrends (http://blog.infotrends.com/?p=7297). Celebraba que se había producido la cámara digital un billón (billón de los americanos, o sea mil millones) desde que se empezaron a comercializar en la década de los 90. En la misma estadística se indica que la venta de smartphones con cámara el año pasado fue, curiosamente, también de un billón americano.

    Mi conclusión es que quizás no hemos visto nada todavía. Y lo que ahora nos parece una revolución por cantidad de fotos hechas y compartidas no es más que un germen de lo que podría pasar. De ahí las dudas y controversias lógicas de esta y otras conversaciones.

    • De acuerdo en términos generales pero, desde el punto de vista “científico”, no podemos ser ni “deterministas tecnológicos” ni “deterministas sociales”. Es decir, las tecnologías y los usos que de ellas hacen las personas se co-constituyen (de ahí el concepto de red sociotécnica que utilizo) y ahí está lo verdaderamente interesante. Y si, estoy de acuerdo en que apenas estamos iniciando un cambio mucho más amplio.

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