Ante el horror, la fotografía.

En la edición dominical de The Independent, periódico inglés, el 27 de mayo del 2012, en la primera página aparecía el título: “Siria. El mundo mira hacia otra parte ¿Lo harás tú?”. El titular, dedicado a la masacre de más de 90 personas en Houla, 32 de las cuales eran niños, anunciaba que, en la tercera página, aparecía publicada una fotografía de las indefensas víctimas infantiles. La fotografía en cuestión mostraba los cadáveres de diez niños. En la terrible imagen aparecen algunos niños con los ojos abiertos, con el horror para siempre en su retina, otros con las camisetas o piyamas a la altura del pecho, como si la muerte los hubiera atrapado en medio de la preparación para irse a la cama después de darse un baño. Niñas y niños, algunos con sangre brotando de sus bocas inertes, mostrándonos, como tantas otras veces en tantas otras fotografías, los sinsentidos del poder y la violencia.

Debajo de la imagen, aparece un recuadro con una nota del editor explicando, por un lado el porqué no publica la fotografía en primera plana, pero por otro el porqué considera necesario publicarla a pesar de su crudeza. Con el título en primera plana, sin imagen alguna, los editores dejan claro que nos ocultan primero la visión precisamente para recordarnos a los lectores y lectoras que no porque seamos bombardeados continuamente con este tipo de fotografías éstas dejan de ser una ventana necesaria para movilizarnos ante el terror. Nos ocultan la imagen para  recordarnos la importancia de mirar. Acto seguido, se nos muestra la imagen para que “el enfermizo destino de estos niños inocentes nos enoje mucho, mucho”. Lo logra sin duda, asquea, enoja y entristece al mismo nivel.

No soy experto en periodismo pero es claro que la apuesta del diario, con este titular, conjuga dos elementos: la mirada y el poder de la fotografía. Cuestiones ambas que han sido recurrentemente debatidas y más desde la emergencia de la tecnología digital.

Susan Sontag, en su último libro, Ante el dolor de los demás, en el que trata específicamente el tema de las fotografías y los horrores de la guerra, plantea que:

Las fotografías son un medio que dota de “realidad” (o de “mayor realidad”) a asuntos que los privilegiados o los meramente indemnes acaso prefieren ignorar

La fotografía sigue aquí, viva, para recordarnos que la realidad sigue existiendo y podemos verla si queremos mirar.

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