La fotografía nunca ha existido

La fotografía siempre ha sido una práctica de hacer mitosMartin Hand

Aclaración para fotógrafos y fotógrafas

El título del post es traicionero, lo sé. También es un título con un fuerte complejo de slogan de marketing, mea culpa. En realidad busca establecer un guiño semántico con el título de éste libro. Mi posición en todo caso no es la de un crítico fotográfico y estoy muy lejos de ser un experto en fotografía. Lo mío, lo mío, lo mío es tratar de establecer un análisis de la cultura digital a través del caso de la fotografía. Una vez dicho esto:

A manera de introducción a esta especie de reseña

No hay nada peor que leer un libro que hubieras querido escribir tú. El dolor se ve mitigado sin embargo cuando el libro en cuestión es increíblemente parecido al que publicaste tú en el mismo año. Incluso, y sonríes satisfecho, hay un par de capítulos que bien podrían ser intercambiables con los tuyos. Finalmente, adquieres una especie de satisfacción al convencerte de que no estás tan errado en tus argumentos y orgullosamente piensas: “el mío tiene además la ventaja de que puede ser leído en castellano por alguien que no tenga facilidad para leer en inglés”. Una vez pasado el trance, escribes algo parecido a una reseña de ese libro porque lo consideras valioso y que aporta cosas que el tuyo no.  El libro en cuestión se titula Ubiquitous Photography escrito por Martin Hand. La mayoría de las reflexiones que vienen a continuación surgen de su lectura y son una especie de reseña- diálogo con mis propios intereses.

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La rebelión de los fotógrafos y fotógrafas: Instagram, identidades y acción.

Antecedentes

La historia está más que difundida. Instagram, la principal “app” para la exhibición e intercambio de fotografía en los teléfonos móviles anunció el cambio de sus términos de uso y, con un lenguaje poco hábil, encendió una chispa que no hizo sino crecer entre los usuarios que entendieron que, a partir del 16 de enero, sus imágenes podrían ser vendidas a terceros (y curiosamente todo el mundo pensó inmediatamente en la publicidad). Historias de franca oposición por parte de los usuarios de una plataforma ha habido muchos, en Facebook cada vez que cambian la privacidad, por ejemplo. Pero también recuerdo cuando Flickr fue adquirida por Yahoo o cuando, también en Flickir, hicieron públicas las API (ver Vayreda y Estalella, 2007).

La fotografía digital: un campo en tensión. Continue reading

Encuentros // Sobre la muerte y la fotografía

Hay encuentros que tardan un tiempo absurdo en darse. Después de cuatro años de investigación sobre prácticas de fotografía digital, después de defendida la tesis, y a unas horas (literalmente) de que se hubiera publicado el libro, recibí un correo de Pedro Vicente, un investigador sobre la imagen fotográfica que organizó la que quizá sea la mejor conferencia sobre fotografía, desde el punto de vista teórico, que se haya hecho en el estado español. Aunque tengo el libro, resultado de ese congreso,  y que había leído su interesante trabajo, nunca había tenido la oportunidad de conocerlo o charlar con él. Curiosamente fue él quien me encontró a mi a través del programa de un congreso en Londres y de un blog que hablaba de mi trabajo. Nunca es tarde dicen por ahí y me congratulo de nuestro encuentro, en un par de horas de charla ya surgieron varios proyectos para el futuro. Entre muchas de las cosas que hablamos, me contó de una iniciativa sobre la que quiero escribir una nota:

Sobre la muerte y la fotografía

La fotografía postmortem era por demás común a finales del siglo XIX y provenía, como muchas de las prácticas primeras de la fotografía, de la pintura. Quizá el mejor estudio académico que se haya hecho sobre este tipo de fotografías sea el trabajo de Jay Ruby: Secure the Shadow. Death and photography in America. (para un interesante archivo de ese tipo de imágenes ver thanatos.net)

Dentro de una reflexión ontológica sobre la fotografía, en relación a la muerte, lo real y la memoria, Sontag apuntaba que todas las fotografías eran memento mori porque gracias a ellas se participaba de la “mortalidad, vulnerabilidad y mutabilidad” de las personas o cosas fotografiadas. Barthes lo apunta con incluso mayor dramatismo al decir que la fotografía “produce muerte tratando de preservar la vida”.

Sin embargo, en un plano más estético/funcional, la práctica de fotografiar personas muertas había servido tradicionalmente como una forma de tener una imagen para recordar a quien había fallecido que, en el siglo XX, parecía haber desaparecido (o al menos se había relegado a un plano privado y no publicitado).

Lo interesante de la fotografía postmortem, al menos en el caso de los niños, era esa búsqueda por parte del fotógrafo de representar la muerte como un sueño profundo (independientemente de proyectos como el de Andrés Serrano que representaban la muerte de niños precisamente en su trágica crudeza, dejo el enlace pero ojo al abrir, no son imágenes agradables). La muerte como sueño, la imagen como recuerdo.

Esta pequeña introducción es para enmarcar la emergencia de nuevos tipos de proyectos como Memento de Sarah Schorr que intenta, a través de la imagen fotográfica, ayudar en el proceso de duelo por una muerte cercana. Y el otro, comentado por Pedro Vicente es el llamado: Now I lay me down to sleep en el que un grupo de fotógrafos realiza imágenes de padres con sus bebés recién fallecidos o a punto de morir. Son retratos profundos y sensibles que, a diferencia de los del siglo XIX, buscan representar pequeños instantes de vida, no de muerte, no de sueño. El fundamento del proyecto es la ayuda que prestan a las familias a no olvidar, a mantener el recuerdo y así ayudar en el proceso de duelo. Como lo mencionan en una nota televisiva sobre el proyecto: “Las imágenes prueban que estuvo aquí…un testimonio de su vida y de lo que su vida significó para nosotros”.

Viejas prácticas en nuevos formatos y, sobre todo, con nuevos usos ya que, aunque la memoria sigue siendo fundamental, una vida, por muy corta que sea, no parece serlo si no se fotografía.

Fotografía: Estado del Arte (notas de una conferencia)

Acabo de regresar de una de las conferencias más interesante en las que haya participado. En realidad era la combinación de dos cosas: Photomedia 2012 y un taller organizado por la Red Nórdica de Visualidad Digital titulado Las cámaras digitales como nexo en la vida cotidiana.

Aunque habría mucho que comentar (existe el proyecto de publicar una selección de papers) quisiera resaltar algunos aspectos transversales que me parecieron especialmente relevantes y que surgieron a lo largo del evento:

1. Parece estar tomando forma un campo de estudios, transdisciplinario, con el estudio de la fotografía (casi podría decir digital) como objeto de estudio en Ciencias Sociales. El campo tiene su referencia en tres journals que están consolidando su presencia cada vez más: PhotographiesPhotography and Culture y  Philosophy of Culture.

2. A pesar de que los estudios sociales sobre la estética o la indexicalidad siguen estando en el centro de la discusión sobre la fotografía, aproximaciones desde otras perspectivas comienzan a ganar terreno. En ese sentido mi propio trabajo representa una de estas corrientes que buscan estudiar a la fotografía no ya como representación sino como práctica,

3. Es curioso cómo hay un importante número de trabajos sobre los autorretratos. Aunque en su mayoría parten de una reflexión goffmaniana de “presentación del ser”, en relación especialmente con las redes sociales (curiosamente no siempre en facebook, aunque se piense lo contrario existen muchas plataformas de redes sociales que son locales y que tienen mucho éxito, especialmente entre adolescentes). Estos estudios sobre fotografía retoman la estela de los estudios de internet sobre identidad.

4. (Especialmente relacionado con lo anterior) Hay una necesidad imperiosa de discutir cuestiones éticas en el uso de las imágenes para la investigación social, en la vía de lo que trabajamos, con Elisenda Ardèvol, en este texto. La idea básica es que no porque tengamos acceso a las imágenes en internet estas son “públicas” o “anónimas” y esto hay que problematizarlo y discutirlo.

5. Finalmente, el elemento que pareció permear a todas las ponencias (al menos las que vi), es la idea de cambio, de cómo la fotografía está cambiando; en el fotoperiodismo, en su uso personal, en el arte, en la moda, en la ciencia. En última instancia, lo que parece estar discutiéndose es nuestra relación con una cierta epistemología, incluso diría que una ontología. La pregunta que flota de fondo es si podemos seguir teniendo la misma relación (moderna) con algo que aparece ahí, independientemente de nosotros. Eso que hemos llamado realidad.

Afortunadamente estamos en sintonía y diálogo con nuestros colegas del norte y fue un placer hablar largo y profundo con muchos de los académicos cuyo trabajo utilicé para mi tesis; Martin Lister (una de las referencias más importantes y un tipo estupendo), David Froholich (cuyo concepto de “etnografía de lo futurible” me encantó), Matteo Stocchetti (con quien hubo una química instantánea, quizá por haber sido los dos únicos latinos en la conferencia). Mikko Villi (que además de haber escrito una tesis estupenda habla un castellano genial) y, por supuesto, el organizador, Asko Llehmuskallio, un chaval súper inteligente, eficiente y con un trabajo muy interesante.

Habrá que continuar entonces por esta vía. Próxima estación conferencil: Londres.

Sobre Balzac y la vida en las fotografías

En un texto elaborado por Felix Nadar, éste reflexionaba sobre la “teoría de los espectros” de Balzac, cito textualmente (mi traducción):

De acuerdo con la teoría de Balzac, todos los cuerpos físicos están hechos completamente de capas de imágenes fantasmagóricas, un número infinito de pieles como hojas que se encuentran una sobre la otra. Dado que Balzac creía que el hombre (sic) era incapaz de hacer algo material de una aparición, de algo impalpable, es decir, crear algo de la nada, él concluía que cada vez que le hacen una fotografía a alguien, uno de las capas era removida del cuerpo y transferida a la fotografía. Exposiciones repetidas traían como consecuencia la inevitable pérdida de las subsecuentes capas fantasmales, esto es, la misma esencia de la vida.

Me llamó la atención y lo lanzo en forma de reflexión metafísica porque en tiempos de facebook e instagram, pareciera que lo que sucede es precisamente  lo contrario. La vida “digital” parece requerir un transvase continuo de estas “imágenes fantasmales”, de la vida cotidiana, a las plataformas donde se ponen en juego las subjetividades. He visto perfiles de Facebook con más de mil imágenes en la que aparece el dueño o dueña del perfil. De hecho, estos perfiles en los que se ve un mayor movimiento, son los que parecen más “vivos”. Quizá Balzac tuviera razón a medias y no es que con las imágenes se pierda la esencia de la vida sino que actualmente, a través de ellas, es como se puede transferir la vida a Internet.

La ceguera del sujeto fotografiado

Hoy, leyendo un meta-análisis sobre la teoría fotográfica escrita en el primer lustro de esta década, la autora del texto, refiriéndose al libro The Ongoing Moment de Geoff Dyer, propone que muchos fotógrafos han fotografiado a personas ciegas en un intento por “invisibilizar” (nunca mejor dicho) la mirada del sujeto ante la cámara (recuerdo la famosa foto de Strand y la de Arbus de Borges). La autora mencionaba que, aunque en el caso de las personas ciegas es muy claro, muchos fotógrafos han desarrollado proyectos que buscaban precísamente invalidar la mirada del sujeto fotografiado. Mencionando por ejemplo aquel famoso trabajo de Walker Evans en el metro de Nueva York en el que Evans llevaba la cámara en una chaqueta y disparaba remotamente. Evans, sobre estas fotos,  decía que le gustaban porque: “la guardia está baja y la máscara está fuera, más incluso que cuando las personas están solas en la habitación (donde hay un espejo). En el metro, las caras de las personas están en un desnudo reposo”

Por otro lado, hace poco leí una entrevista, en The Guardian, a Nan Goldin quien decía:

I don’t carry my camera so much these days: I don’t have the same relationship with it. I’ve never considered photography one of the higher art forms. Everyone takes photos; now even phones can. The whole issue of digital is so depressing to me; my process is gone. There were all kinds of unknown things that could come out in a photograph, things you didn’t know were there until you saw it; now it’s all so flat. But then I never really saw myself as a photographer.

Pensaba en estas dos cuestiones conectándolas. Ya he hablado en alguna ocasión sobre la fotografía “cándida” o “robada” (eufemismos que suelen usar los fotógrafos para este tipo de imágenes). Con el arribo de los teléfonos móviles, este tipo de proyectos es cada vez más común (¿y corriente?), yo mismo disfruto haciendo estas fotografías (ejemplo 1, ejemplo 2, ejemplo 3). La pregunta es si el fundamento para la elaboración de este tipo de imágenes ha cambiado al extenderse y “democratizarse”. De hecho Smith habla de cómo la fotografía digital ha desactivado precísamente el poder de las imágenes de Evans como registro de la “memoria de un tiempo psicológico”. Habrá que pensar en ello.

“Cibersexo” (visual) revisitado

Dos cosas sucedieron para hacerme escribir este post. Por un lado una estudiante de Colombia me hizo una entrevista interesada en mi trabajo de investigación sobre cibersexo. Por otro, que me topé con el interesante texto de Ori Schwarz: Going to bed with a camera: On the visualization of sexuality and the production of knowledge.

La trayectoria de Internet ha sido claramente de un medio textual a uno multimedia (o multimodal como apuntan algunos autores). La digitalización de los procesos, la convergencia y la masificación de aparatos de producción audiovisual, junto con el crecimiento en la(s) conexión(es) a Internet, ha dado como resultado que nunca en la historia de la humanidad se hayan producido tantas imágenes como ahora y nunca hayan podido ser vistas por tantas personas. Hasta ahí todo más o menos en el sentido común, ahora bien ¿cuál es la relación entre estas transformaciones y el ámbito de la sexualidad y la intimidad?
Schwarz traza un breve análisis histórico y propone que la relación entre visualidad y sexualidad es relativamente reciente. Por ejemplo, siguiendo a otros autores menciona que en el siglo XVIII la idea de la sexualidad estaba más relacionada con el tacto que con la visualidad y las relaciones solían llevarse a cabo en la oscuridad e incluso con alguna ropa puesta. De ahí reflexiona cómo la visualidad, de la mano de corrientes psicológicas, la publicidad, los medios y la “espectacularización” han hecho de la sexualidad una cuestión mayoritariamente visual especialmente con la pornografía como industria y como objeto. Continue reading

Sobre la fotografía (como representación, como alma)

Hace poco vi el documental “La ciudad de los fotógrafos” (los chilenos y chilenas están haciendo muchos y buenos documentales). Una de las secuencias que más hondo me llegó es una en la que una mujer muestra la única foto de familia que tiene, la única. La foto es casi un acto fortuito porque ella cuenta que se la regaló un fotógrafo que pasó por ahí algún día. Esa foto es la única forma de “ver” a su familia en la que hay desaparecidos. Mientras que, en el mismo documental, aparece una mujer llena de imágenes, unas colgadas a su ropa, otras sostenidas en sus manos y unas más alrededor, como abrazándola.
El otro día, estuve en la inauguración de la exposición de Gervasio Sánchez: Desaparecidos. Un brutal paseo por la (des)esperanza de lo humano y lo terrible de los conflictos armados “sucios” (¿hay de otros?) en el mundo. Más allá de la exposición (estupendamente armada), o las fotografías (increíbles y duras), la sección que más me afectó fue la última de la exposición, esas fotografías en formato grande que muestran a personas de distintos países posando para la cámara con la foto de su familiar desaparecido. Pero de entre ellas, las más duras de ver fueron aquellas en las que aparecen personas sin fotos. Es terrible ver una foto estupendamente hecha y ampliada a tamaño natural de alguien que a su vez no tiene una sola imagen que mostrar. Resulta tan conmovedor como terrible el ver una hermosa foto de alguien que ha sido despojado (y ni siquiera entramos en cómo sucedió), no sólo de una persona querida, sino de la posibilidad de “ver” el recuerdo de dicha persona. Da cierta vergüenza ser nosotros quienes podemos verlas a ellas (incluso comprar un libro para mirarlo en casa) mientras que ellas no tienen a quien ver.
Bien es cierto que la tecnología fotográfica está más o menos presente en todo el mundo (son por demás curiosos, pero habituales, los estudios de fotografía en África o América) pero a veces olvido que la fotografía, esa que se cuenta por billones en facebook y flickr, no está al alcance de todo el mundo y ha tenido cambios históricos. Esto me detona dos reflexiones (que son más pensamientos “en blog alta”):
1. Por un lado está la cuestión, ampliamente estudiada por la antropología, del poder de representación. Necesito reflexionar más sobre lo poderosa que es una tecnología de representación como la cámara fotográfica y lo que significa que, mientras que una mujer guatemalteca no tenga una sola fotografía de su marido desaparecido, haya personas en facebook con cientos de imágenes, no hechas por ellos, en las que aparecen. ¿Significa acaso que, como en casi todo, existe una cultura visual de primer mundo y otra de tercero? ¿Qué implicaciones tiene esto? No es sólo la vieja cuestión setentera del Pato Donald de Mattelard (que también, obviamente la mayoría de imágenes que hay de África en flickr están hechas por turistas o europeos), sino la profunda transformación social de la fotografía, lo que está en juego.
2. Hace poco leí el texto, de un coreano, en el que se criticaba la idea de la fotografía (objeto), como representación. Utilizando los rituales funerarios coreanos, el autor (de)mostraba cómo la imagen se transformaba durante la ceremonia. En la tradición funeraria coreana, la muerte implica la separación del cuerpo con el alma. La fotografía que suele ponerse en el funeral no es tanto la representación de la persona-cuerpo (que se encuentra escondida detrás de una mampara), sino que la connotación de la fotografía es de presencia-ausencia (el cuerpo está ausente, el alma presente). El alma (separada del cuerpo) está presente a través de la fotografía. El artículo es por demás interesante pero lo expuesto aquí es suficiente para explicar mi congoja ante esas mujeres y hombres que posaban para la cámara sin una fotografía, sin el “alma”de sus seres queridos presente, sin una imagen que les recordara que había habido un espíritu al que habían amado y que querían dejar ir al encontrar al menos el cuerpo. En lugar de eso, tenían sus recuerdos, escribían lo que era la persona. La fotografía no es sólo representación, es algo mucho más poderoso, aunque nosotros las veamos estéticamente colgadas en un bonito museo.

 

Notas para la construcción de una sociología de la fotografía digital

Todo comenzó cuando leí esta nota en El Periódico. Decidí visitar la puesta en escena en la galería àngels y hasta comprar lo que podría denominarse el catálogo de la exposición. Me encontraba  justamente escribiendo el capítulo metodológico de mi tesis (en el que discuto las implicaciones éticas del uso de imágenes) así que no pude más que preguntarme ciertas cosas. Ya se han adelantado algunas reflexiones expuestas en el blog de Elisenda Ardèvol. Curiosamente, alguien “meneó” la noticia y se montó un improvisado debate. Las reflexiones que expongo a continuación son una segunda parte de ese diálogo (imaginario) con el Sr. Fontcuberta pero, sobre todo, el mío con mi objeto de estudio que son las prácticas de fotografía digital.

Sobre la fotografía digital.

A estas alturas resulta reiterativo señalar que las prácticas que utilizan la fotografía digital, además de cumplir con las mismas funciones de la fotografía analógica (argentaria le llamaría Fontcuberta), abren toda una nueva serie de posibilidades en donde los objetos, tiempos, formas y usos de la fotografía han cambiado (cfr. Okabe & Ito, 2003; Manovich, 2003). Incluso, propone el mismo Fontcuberta (2010), cabría preguntarse si seguirla llamando fotografía no es contraproducente. Continue reading

About photography materiality and online/offline liminality

I just came back from the EASA conference in Maynooth, Ireland. Along with Elisenda Ardèvol, we presented our theoretical framework (practice theory) and my research on digital photography practices at the workshop: “The Rewards of Media“, organized by John Postill and Philipp Budka. So far, so good. Interestingly, the best came once the conference was over (not only for the wonderful night with friends at the Market Place, the surprises and then the great pub discussion about the relationship between Catholicism and cultural common features, Thanks Paco!), but because I was able to see and talk with some photographers at the “Peoples Photography Ireland“, a public exhibition of camera club photographers.

Although in my work I haven’t been able to work directly with institutionalized amateur photographers (since actually, what I propose in my dissertation is that flickr is becoming one mayor bridge between photography institutions and a wide range or photographers, from snapshotters to amateurs and professionals), it was very interesting for me to see them in action. I was expecting to find some “Dublin flickr group” exhibiting but it seems that only “old fashion” clubs were participating. Of all the thoughts that came to my mind, there’s one I want to make here.
We have been discussing for ages the problematic relationship between the concepts of online and offline in the Internet Studies. But what was very interesting for me watching the exhibition, was to see how digital (sometimes online) practices had intermingled, in a playful way, with the material and physical exhibition, materiality that, by the way, permeated some of the characteristics of online photo platforms (galleries in flickr, face”book”, etc.).  I’ll show some examples of it with few comments. Continue reading